jueves, 30 de junio de 2016

Casicuentos para Rita: Ciberbog XXXII De cómo nace el amor

De inmediato se mostró en la pantalla del vid el rostro del Ciberbog. En mi barra de herramientas apareció un icono que él me dijo que era para comunicarme con él cuando quisiera y seguidamente su rostro desapareció de la pantalla. Tan respetuoso era. Pulse él icono y le dije que él también podía hablarme cuando quisiera y que en ese momento a mi me apetecía retomar la conversación en el punto donde la habíamos dejado.
Le empecé a preguntar por la doctora Roes, pero él me dijo que yo era humano y que tenía que descansar. Que habría tiempo de hablar de eso y de otras muchas cosas pero que ahora lo importante era yo, recuperarme del día y de los días en los que tanta tensión había vivido. Que disfrutara en la Ciudad o en cualquier otro sitio del mundo y que cuando me repusiera, si seguía queriendo hacerlo, me ayudaría con lo de la doctora Roes. Le dije que no solo eso, que también quería que me ayudara a recuperarle a él, a lo que respondió que él no tenía importancia, que era tan solo una máquina. Me callé, la verdad es que me vendría bien tomarme un tiempo para descansar ahora que sabía que aun estando en peligro el ciberbog velaba por mi bienestar, aunque en mi fuero interno sabía que no descansaría ni podría olvidarme del Ciberbog.
Le pedí entonces que me contará como fue su historia, como la conoció a ella. Su relato fue corto. El día que ella visitó las instalaciones se sacó una fotografía con él de fondo como hacían la mayoría de los millones de visitantes que por allí pasaban. El se fijó en ella como se fijaba en cada persona que entraba dentro de las instalaciones. En esa misma milésima de segundo unos niños jugando con la comida la tiraron por encima de las piernas del Ciberbog. El permaneció impasible como siempre lo hacía cuando ocurrían cosas similares, permaneció impasible como era su obligación. Pero ella lo vio, se dirigió a los niños y les reprendió su actitud con voz suave y cariñosa, explicándoles en que se habían equivocado. Ellos no le hicieron mucho caso y salieron corriendo. Ella le dijo que lo sentía y quitándose su pañuelo de seda limpió los restos que ensuciaban las piernas del Ciberbog y después de hacerlo se marchó despidiéndose con una sonrisa. Su sonrisa. Aquella que hacía posible lo imposible. Su sonrisa era, ahora ya sin duda, la respuesta.
Le pregunté si en ese momento era cuando le había dado el pañuelo, en el fondo me dolía que le hubiese entregado el que fue mi regalo. Me gustaba que fuera él quien lo tuviera pero no soportaba que pudiera haberse deshecho de él sin una buena razón. El me dijo que no, que ella se llevo el pañuelo  y que incluso después de limpiarle e quedó mirándolo y la notó preocupada por si lo había estropeado. Lo metió al bolso dentro una bolsa de complástico y se fue. Mas tarde haciendo ronda por el exterior de las instalaciones encontró la bolsa con el pañuelo dentro y lo guardó como recuerdo. Repaso las cámaras de vigilancia pero no consiguió encontrar cómo había llegado hasta allí. No sabía como sentirme, tal vez lo hubiera perdido, tal vez decidió tirarlo. En cualquier caso me entristeció saber que al igual que yo el pañuelo ya no estaba con ella. Ahora lo tenía yo y en cuanto pudiera se lo daría al Ciberbog. Era su recuerdo, el era quién debía de tenerlo, para él era infinitamente mas importante que para mi, era el recuerdo de un amor que nunca pudo tener.
Cómo si no pudiera soportar mas esta conversación,  como si la nostalgia y la melancolía se hubieran apoderado de él se despidió, excusando que le suponía un excesivo esfuerzo de recursos hablar conmigo y controlar la monitorización a la que estaba siendo sometido.

Si, se enamoró de ella por un simple gesto de amabilidad, porque se preocupo por él, porque le trato como un ser humano, porque le dio algo que nadie mas le había dado un gesto de cariño y una sonrisa. Que poco le había hecho falta para enamorarse, que poco había hecho falta para producir el milagro de que nacieran sentimientos en una máquina. Pensé en mi mismo, en como me enamoré yo de ella y tal vez fuera también porque se interesara por mi cuando nadie lo hacía, porque tuvo un gesto amable y sobre todo por aquella espectacular sonrisa que lo iluminaba todo. ¿Por qué nos enamoramos? Difícil saberlo. Viví mis días junto la persona que amaba y fue algo maravilloso, algo que muchas personas al morir podrán decir e incluso pensar que han hecho pero solo unas pocas sabrán de verdad de lo que estoy hablando.

miércoles, 29 de junio de 2016

Entre las negras nubes
que cubren la vida
el albor de una sonrisa
es una luz que rompe el cielo.
Me regalaste tu sonrisa
y, tal vez sin saberlo,
me ofreciste el presente mas valioso
¿cómo vivir ahora sin ella?
Tan solo puedo mirar al horizonte
esperando que algún día
esa preciosa sonrisa
vuelva aquí para buscarme.

Fe de inconsistencias

Como el lector habitual y  atento habrá observado ya, en el último capítulo de la historia del Ciberbog, Casicuentos para Rita: Ciberbog XXXI Frustraciones, existe una inconsistencia en la narración de la que no he sido consciente hasta hoy mismo y que me he apresurado a subsanar y dejar corregida en el mencionado capítulo. No me cabe duda de que existirán mas y supongo que si llega el momento en que concluya la historia y la repase por completo encontraré unos cuantas.
Han sido días estos, y lo siguen siendo, con muy poco tiempo para sentarme a escribir y para pararme a pensar en una historia que poco a poco se va construyendo en mi cabeza pero que no deja de ser fruto de la mas pura improvisación del momento. Ambas cosas, la improvisación y la falta de tiempo, a las que podría añadir sin duda la falta de talento hacen que se den estas inconsistencias que espero que las personas lectoras sepan comprender, perdonar y sobre todo que no les haga perder interés sobre la historia. Probablemente escriba mas para mi mismo que para nadie pero si lo hago público es porque me gusta que me lean. Supongo que tengo un punto de exhibicionismo, que dicho sea de paso mejor encauzarlo así que exhibiendo la pirindola como hacen otros.
Y es esa falta de tiempo la que hace que estos días no esté pudiendo continuar con la historia y me dedique a veces a subir canciones de otros o poesías mías que me lleva mucho menos tiempo escribir. Mi afición surgió con la poesía y es lo que mas he escrito, me resulta fácil hacerlo –lo que no quiere decir que sea buena-, esto de escribir una historia mas larga requiere mucho mas esfuerzo. Lo primero porque hay que escribir mucho mas texto, pero sobre todo exige que tenga una coherencia que a veces me resulta muy complicada mantener. Y siendo como soy incoherente, anárquico y tendente a escribir lo que me sale de los huevos en cada momento (¿se pueden escribir palabras mal sonantes en un blog o tengo que ponerle una clasificación para mayores de 18 en algún lado?) comprenderán las dificultades que me ocasiona.
De las faltas de ortografía, de sintaxis y otras misterios de la lengua no voy ni a comentar. Soy un hombre de ciencias al que le gustan las letras pero siempre me he preocupado mas por el fondo que la forma y me avergüenza los errores que cometo pero si logro transmitir algo, si logro que la persona que lea sienta algo me doy por más que satisfecho.
Así que queridas personas lectoras, si a pesar de todo –inconsistencias incluidas, quieren saber cómo continua la historia solo puedo decirles que espero estar mas liberado en breve y poder seguir escribiéndola.

Y se que esto no viene al caso pero repartan sonrisas y atesoren las que se les ofrecen, sin duda son el presente mas precioso con el que alguien puede regalarnos.

martes, 28 de junio de 2016

Se borraron las huellas
la hierba empezó a brotar
y del camino solo quedó
una sombra que lo dibujaba,
que permitía intuir que ahí
una vez hubo un camino
que dejó de recorrerse.
Así son los caminos
cuando no se andan,
pero en las verdes praderas
queda impreso siempre su recuerdo.

lunes, 27 de junio de 2016

Elegantes palabras de negro
que se llevan a la boca
lo que sale del alma.
Recogen un corazón perdido,
un sueño que no puede recordarse
aunque permanece vivo.
La vías por los que circulaba la pasión
son tan solo viejos railes oxidados
por donde el tren dejo de pasar
para llevarle a un mundo
de paraísos imposibles
donde hasta la mentira era verdad,
y la verdad pureza.
Viajero sin destino
reposa ahora en un desvencijado banco
de una estación olvidada
que se viene abajo porque nadie la recuerda.
Descansa al cobijo de un tejado con goteras
y unos muros que no protegen del frio viento del norte.
En la estación donde tan solo habita el silencio,
acurrucado, alimentándose de recuerdos,
muriéndose de hambre cada día
y cada día menos hambriento.
Erró. Se equivocó. Y se dio cuenta demasiado tarde.
Tarde ya para arrepentirse.
Tarde ya para cambiar la historia.
En aquella estación de almas perdidas
y preguntas sin respuesta
tan solo queda ya la suya
Con una tinta oscura
en las paredes negras
escribe su historia.
Elegantes palabras de negro
que se llevan a la boca
lo que sale del alma.
Recogen un corazón perdido,
un sueño que no puede recordarse
aunque permanece vivo.
La vías por los que circulaba la pasión
son tan solo viejos railes oxidados
por donde el tren dejo de pasar
para llevarle a un mundo
de paraísos imposibles
donde hasta la mentira era verdad,
y la verdad pureza.
Viajero sin destino
reposa ahora en un desvencijado banco
de una estación olvidada
que se viene abajo porque nadie la recuerda.
Descansa al cobijo de un tejado con goteras
y unos muros que no protegen del frio viento del norte.
En la estación donde tan solo habita el silencio,
acurrucado, alimentándose de recuerdos,
muriéndose de hambre cada día
y cada día menos hambriento.
Erró. Se equivocó. Y se dio cuenta demasiado tarde.
Tarde ya para arrepentirse.
Tarde ya para cambiar la historia.
En aquella estación de almas perdidas
y preguntas sin respuesta
tan solo queda ya la suya
Con una tinta oscura
en las paredes negras
escribe su historia.

viernes, 24 de junio de 2016

Casicuentos para Rita: Ciberbog XXXI Frustraciones

Puse mi pulgar sobre el escáner del ascensor e inmediatamente vino a buscarme, no le había preguntado al Ciberbog cuál el código del piso que debía buscar, no hizo falta él sabía que estaba en el ascensor y sin yo pulsarlo subió a la planta correcta. Deshice mis pasos hasta el departamento de limpieza, deje el carro, me quité el buzo y la máscara y salí pintando de allí con idea de deshacer mi camino hasta el centro comercial. No hizo falta, en el recibidor un holovid de una pelotita naranja señalaba otra puerta. Otro pasillo, otro ascensor, mas puertas…, mucha seguridad que burlaba con simplemente acercar mi dedo. Aparecí en un punto cercano al bosque de torres de ventilación donde nos encontramos por primera vez y fue en ese momento cuando me di cuenta de que tenía el pañuelo de seda en mi bolsillo. No se hubiera podido quedar con él pero me maldecí por no habérselo ofrecido. No hubo tiempo, se me había olvidado por el estrés del momento, da igual, para variar solo había pensado en mi mismo. Otra vez demasiado tarde para rectificar.
El cielo era gris, el viento soplaba del norte en aquella ciudad casi siempre hacía frio, o así lo sentía yo. El frio ha sido mi compañero de viaje, frio por dentro, congelado, la vida atravesada por un tempano de hielo, el sol vino con ella y se puso en el mar en aquel día de verano. El ocaso mas bello que nunca devolvió un amanecer.
Recuerdo su último beso, fue extraño, no sentí lo mismo que otra veces, estaba demasiado nervioso, era un volver a empezar, era una nueva esperanza pero al día siguiente se quedó en nada. En la madrugada mi vid mostró un mensaje, olvídate de lo de ayer, no ha sucedido. Contesté que imposible, que jamás podría olvidarlo. Lo que vino en horas posteriores no tengo fuerzas para contarlo, baste saber que de todos mis errores los mas grandes los cometí en aquel momento.
Sumido en mis pensamientos y olvidando toda prudencia caminé hacia el tubo. Pasé al lado de la puerta del centro comercial, miré a los dos Ciberbogs, me hubiera abalanzado sobre ellos para golpearles con fuerza. No, no hubiera servido para nada tan solo para descargar la enorme frustración que sentía. La violencia no sirve para nada, no arregla nada, lo empeora, pero el ser humano después de muchos siglos de historia seguía sin aprenderlo y se deja llevar por sus impulsos, se deja arrastrar por sus frustraciones, por sus emociones, no hemos aprendido a encauzarlas todavía, somos animales, lo somos, biológicamente poco nos diferenciamos. Deploro la violencia solo engendra violencia o sometimiento, la violencia acaba con la vida, el sometimiento con libertad. En ocasiones también a mi me cuesta refrenar mis impulsos aunque la madurez ha ido moderándolos hasta casi hacerlos desaparecer. Es curioso cómo se alimenta la violencia llamando cobarde al que no quiere recurrir a ella, tan impresa esta la violencia en nuestros genes. Pero de todas las violencias la mas execrable, si es que hay alguna peor que otra, es la que parte de la codicia, la que sacrifica vidas solamente para tener mas, mas dinero, mas poder, la violencia que viene de aquellos que se creen tan importante que otras personas deben sacrificar su vida por ellos. Egos tan grandes solo muestran un vacío en su propio ser.

Me bajé del Tubo en el centro de la Ciudad, entré en el primer hotel que encontré, puse mi dedo en el escáner y reservé una habitación sin más trámites. Era un hotel sencillo pero mucho mejor que cualquiera en el que hubiera estado nunca. Cogí mi vid de bolsillo y accedí a mi identidad de incognito con ánimo de poder seguir hablando con el Ciberbog.


jueves, 23 de junio de 2016

Me acordé de ti (Fito & Fitipaldis)

Puede que sea esta la canción 
La que nunca te escribí 
Tal vez te alegre el corazón 
No hay más motivo ni razón, 
Que me acordé de ti. 

Buscando en lo que fuimos 
Un que serán de ti. 

Yo me fui, no sé hacia dónde 
Sólo sé que me perdí 
Yo me fui, no sé hacia dónde 
Y yo solo me perdí 
Hay un niño que se esconde 
Siempre detrás de mí 

Todo cambia y sigue igual 
Y aunque siempre es diferente, 
Siempre el mismo mar 
Todo cambia y sigue igual 
Y la vida te dará los besos que tú puedas dar. 

Todo y nada que explicar 
¿Quién conoce de este cuento más de la mitad? 
Soy mentira y soy verdad 
Un reflejo vive preso dentro de un cristal. 

Todas las cosas que soñé 
Todas las noches sin dormir 
Todos los versos que enseñé 
Y cada frase que escondí 
Y yo jamás te olvidaré 
Tú acuérdate también de mí 
Nunca se para de crecer 
Nunca se deja de morir.

miércoles, 22 de junio de 2016

Casicuentos para Rita: Ciberbog XXX Respuestas (segunda parte)

Se me cayó el mundo a mis pies, yo nunca la delataría, nunca pondría en peligro su vida eso pensaba, eso quería creer pero ¿qué sucedería si mi propia vida estaba en peligro? ¿Qué sucedería si me capturaran e intentaran sacarme la información incluso mediante algún tipo de suero de la verdad? El Ciberbog, una máquina, no había revelado nada incluso en aquella situación de práctica destrucción de su vida (¿Podían las máquinas tener vida?), ¿estaría yo a la altura de su humanidad? y lo que mas me dolía cuando lo pensaba ¿estaría yo a la altura de su amor por ella?
Como si fuera capaz de leer mis pensamientos a través de mi cara me dijo “estás aquí por una máquina que ni tan siquiera sabes si tiene vida, jamás la pondrás en peligro” Yo no estaba tan seguro, pero hasta el momento ni tan siquiera he vuelto a mencionar su nombre a nadie. Me gustaría poder gritar su nombre, escribirlo millones de veces junto a las palabras mas bellas, escribirlo en la arena de la playa para ver como el mar lo arrastra y se hace uno con él, pero mantendré mi silencio. Mantendré el silencio sobre mi villa, sobre la ciudad, sobre la corporación, ningún dato por el que se pueda sospechar ni tan siquiera lo mas mínimo sobre su identidad. Llegado el caso no se lo que sucederá pero en aquel momento quise creer y creí las palabras del Ciberbog y aun las sigo creyendo.
El Ciberbog continúo con el relato. La doctora Roes le encargó que me vigilará y mi protegería de todas las maneras posibles, no hacía falta el quería hacerlo (¿Podía una máquina tener voluntad propia?) y eso es lo que estuvo haciendo pero fue muy complicado para él, incluso por momentos llegó a pensar que ya estaba muerto, mi identidad de incognito había hecho imposible que me siguiera el rastro y solo supo de cuando accedí al aeropuerto. Cuando puse  mi huella sobre la puerta del pasillo para acceder al recibidor desde el que accedí a aquella sala, se sintió aliviado, contento, estaba vivo y había ido allí para hablar con él (¿podía una máquina tener emociones?) Horas después supo de la muerte de la doctora, buceo en la red y encontró un albarán de la corporación que indicaba que en habían recibido un fuerte neurotransmisor. No pudo relacionarlo con la muerte pero mantenía copia de ese albarán por si en algún momento pudiera llegar a utilizarse como prueba.
Dos seres que apenas me conocían habían peleado por salvar mi vida. La doctora estaba muerta, el ciberbog viviría hasta que pudieran desentrañar el secreto de sus sentimientos y entonces lo eliminarían para siempre. ¿Y que podía hacer yo por ellas? Salvar al Ciberbog y desenmascarar la muerte de la doctora ¿pero cómo?
Le transmití mis pensamientos y me dijo que al no merecía la pena salvarle, que el no tenía vida, que no era importante. Que tenía que salir de allí y hacer lo posible por que se supiera que la muerta de la doctora Roes no había sido natural y que los culpables pagaran por ellos. Siempre tan humano, siempre poniendo su propia existencia por detrás de las personas, de ella, de la doctora, de mi y creo que lo hubiera hecho por cualquiera. Solo podía admirar al Ciberbog. Mi deber, lo que quería, lo que mi corazón me decía que debía de hacer era liberarlo, sin embargo en aquel momento no sabía cómo.
Me sacó de mis pensamientos alertándome de que debía huir, que bajaban hacia aquel laboratorio los investigadores principales. Le dije que no que me quedaría con él, que le llevaría conmigo. Me hizo ver que no era el momento, que no debía hacerlo, que si era eso lo que quería habría mejores oportunidades. Me instó a que me fuera, ahora teníamos contacto, le proporcione mi identidad de incognito, me ayudaría a investigar sobre la muerte de la doctora, me protegería, me ayudaría a todo lo que necesitara. Le hice prometer que me ayudaría también a sacarle de allí cuando fuera el momento pero me dijo que estuviera tranquilo, tal vez su vida fuera mas larga que la mía, se necesitarían muchos años para investigar y saber como habían surgido en el los sentimientos.
“No hay tiempo, tienes que salir”
Lo hice y en el recibidor me cruce con el hombre y la mujer gracias a los cuales conseguí entrar en el ascensor. Distraidamente hice chocar mi carrito de la limpieza contra ellos vertiendo los productos sobres sus batas, sus ropas de diseño y sus caros zapatos. Escupieron fuego por sus bocas, mientras yo abandonaba el recibidor por la puerta que daba acceso al ascensor. Una infantil venganza que no hizo que me sintiera mejor, que ni tan siquiera dibujo una sonrisa en mi cara. La venganza nunca vale para nada, en ocasiones tan solo para sentirnos peor con nosotros mismos.

Ya no hubo mas puertas cerradas en el mundo para mi. Allí donde ponía mi dedo todas se abrían por mucha seguridad que tuvieran, no volví a necesitar códigos, ni pasar escaners de retina, tan solo acercar mi dedo y cualquier puerta se abría. Tan solo se resistían las que tenían antiguas cerraduras con llave. La llave que abría la puerta a la vida de ella la había perdido para siempre.

martes, 21 de junio de 2016

Casicuentos para Rita: Ciberbog XXX Respuestas

La historia comenzó después de nuestro segundo y último encuentro. Me hubiera gustado que empezara con lo que sucedió antes con ella, ardía en deseos de saber que es lo que había hecho nacer en él sentimientos que una maquina no hubiera debido tener, aunque supongo que lo que verdaderamente ardía en mi interior era saber mas de ella, saber como estaba, como la vio y conocer una parte de la historia que había sucedido cuando yo hacía ya tiempo que no sabía nada de ella. Saber algo de ella, eso era lo que deseaba con toda mi alma.
Horas después de nuestro encuentro le pidieron que acudiera a control, formaba parte de la rutina por lo que no le extraño absolutamente nada (¿lo podía extrañar algo a una máquina?). Control monitorizaba la actividad de todos los robots y especialmente los Ciberbogs y les sometía a controles periódicos para asegurar su correcto funcionamiento. Le mandaron ir a la sala en la que se encontraba ahora, no era la sala habitual pero fue sin pensar que nada raro estaba pasando (¿Podían pensar las máquinas?). Como siempre le enchufaron a miles de aparatos, los mismos a los que estaba enchufado ahora, nada fuera de la rutina. Pasaron los minutos y poco a poco la sala se fue llenando de personas que no realizaban habitualmente los controles. Entre ellas estaban varias directivas de la Coorporación incluida su directora general la doctora Coin. Después de un rato analizando datos salieron de la sala. Lo normal es que le hubieran desenchufado y hubiera podido irse pero le mantuvieron conectado hasta que aproximadamente media hora después, sus fuentes de energía se detuvieron, todo se volvió negro y perdió la conciencia de si mismo (¿tenían las máquinas conciencia de si mismos?)
Horas mas tarde volvió fue activado de nuevo pero de un modo extraño, lo único que podía hacer era comunicarse y actuar a través de la red, pero no podía mover ninguna parte de su enorme cuerpo. No tardó en darse cuenta de que ninguno de los controladores que estaban alrededor podía detectar esta mínima actividad, para ellos seguía igual. Tras unos minutos de desconcierto (¿podía una máquina desconcertarse?) recibió una comunicación de la doctora Roes. Le explicaba que había entrado por la puerta trasera que había dejado abierta en la programación neurorobótica que había dejado abierta en el diseño básico de bioingeniería en el cual se basaban todas las corporaciones para desarrollar sus propios robots. Le decía también que había entrado en modo silencio y que nadie podría detectar su actividad en la red. Le contó que directivos mundiales de la corporación se habían reunido con ella en su propia ciudad para cuestionarle sobre la posibilidad de que los Ciberbogs desarrollaran sentimientos. Desde el primer momento sospechó que algo estaba pasando al respecto, no era fruto de la casualidad que estuvieran esas personas tan importantes y ocupadas al mismo momento allí, ni tampoco lo era que la hubieran convocado de forma tan precipitada y prácticamente obligándola a acudir de urgencia, aunque ellos insistían en que simplemente querían charlar sobre el asunto porque les parecía una línea interesante de trabajo. Desde el principio mantuvo una actitud colaborativa pero sin dar información de calado al respecto, siempre había sospechado que los sentimientos podían aparecer en las biomáquinas y no tenía una posición clara al respecto, veía todas las posibles ventajas pero también todos los posibles problemas. La conversación se prolongó y cuando vieron que no sacaban nada relevante se volvió incluso violenta. Se marchó y volvió a su laboratorio desde el que se estaba comunicando en ese preciso instante con el Ciberbog. Le preguntó que había sucedido, si podía sentir y el le contó todo lo que sucedió con ella y conmigo. Ella le cuestionó por mi identidad e intento comunicarse conmigo pero yo por precaución no abrí mi vid personal y me movía con mi identidad de incognito por lo que no pudo dar conmigo y decidió que lo mejor era borrar mi rastro para que no me localizaran. Lo borró todo sobre mi pero escondido bajo muchas capas de protección aparecían mis datos de indentidad, huellas digitales, retina, puntos de reconocimiento facial, voz… y lo programó todo para que pudiera moverme por el mundo con total libertad sin que nadie pudiera rastrear mis pasos. Podía haberme movido tranquilamente por el aeropuerto, haber usado mi cuenta de créditos –que ella misma había incrementado en una increíble cantidad-, podía haberme alojado en cualquier parte del mundo y haber pasado cualquier tipo de control sin levantar sospechas. No me lo pudo decir, era mas importante evitar que nadie supiera que existiera, que nadie supiera mas de mi de que los pocos datos que habían rescatado del Ciberbog. ¿Y ella? ¿Ella estaba segura? Si, lo estaba, lo estaría siempre cuando intentaron sacar esos datos del Ciberbog este por un instinto de protección (¿podían tener las maquinas instintos?) salvaguardo esa información y empezó a emitir mensajes de error que los bioingenieros atribuyeron a una disfunción por esos mismos sentimientos que estaba mostrando. De ella no sabían nada, no corría peligro, mi ser entero suspiró aliviado. La única pista era yo, lo único que la ponía en peligro era mi propia existencia.

(continuará)