¿Vosotros dónde escondéis los miedos? Yo todas las noches antes de acostarme, levanto el colchón y los meto ahí debajo para que no salgan y me dejen dormir tranquilo. Pero tienen la mala costumbre de intentar deslizarse poco a poco y llegar hasta mi almohada y de ahí pasan directamente a mi cabeza para no dejarme dormir. Y los días que consigo aplastarlos bien con mi culo y no pueden moverse, en cuanto me levanto están ahí esperándome para acompañarme a dónde vaya. Es lo que tienen los miedos, por mucho que queramos esconderlos, nunca se despegan de nosotros a no ser que nos libremos de ellos. ¡Pero que difícil es librarse de los miedos! ¿verdad?
Conocí a un niño una vez que tenía miedo de los calcetines. Si, ya se que extraño pero la mayoría de los miedos son así de incomprensibles y carentes de lógica. El verano era la mejor época para Galtze, no os lo había dicho todavía pero el niño se llamaba Galtze. ¿Está claro por qué era la mejor época no? Porque en verano no hay que llevar calcetines. En cuanto el sol calentaba un poquito Galtze guardaba sus calcetines en un cajón con llave y se olvidaba de ellos por una temporada. Pero las estaciones tienen la mala costumbre de pasar y el otoño siempre terminaba llegando.
Los primeros días de frio Galtze salía sin calcetines, y es cierto que había años que conseguía llegar hasta el invierno. Había días que por no llevar calcetines volvía con los pies tan fríos a casa que apenas los notaba y claro muchas veces terminaba cogiendo constipados y cosas peores. Pero mejor esas malas consecuencias que ponerse calcetines.
Cuando ya decidía que no podía mas, que hacía demasiado frio, cogía la llave que escondía en un tarro de galletas en la cocina, un par de zapatos del zapatero y se acercaba despacito y temeroso al cajón. Después de dudar mucho conseguía abrirlo, con los ojos cerrados sacaba un para de calcetines, a veces de diferentes colores, y se ponía a todo correr los zapatos para no tener que verlos. Sabía que estaban ahí, en sus pies, pero si no los veía a veces hasta conseguía olvidarse.
Así vivía Galtze, siempre con miedo de mirarse a los pies, pero los pies son algo de lo que no podemos deshacernos y, queramos o no, ponerse calcetines es a veces, muchas veces, inevitable si no queremos morirnos de frio.
Pero a veces en el mundo pasan cosas extrañas y un día de pleno agosto, de esos que suele hacer más de treinta grados se puso a nevar. Galtze salió a jugar con la nieve y por supuesto evitó ponerse calcetines. Al cabo de poco rato tenía los pies fríos y morados, el no lo sabía pero estaban a punto de congelación. Al principio le dolían mucho pero estaba llegando a un punto que empezaba a no sentirlos y estaba empezando incluso a marearse. Entonces una amiga se dio cuenta de que no llevaba calcetines y como ella llevaba dos pares se quito unos y se los ofreció a Galtze. Por supuesto se negó a cogerlos y cerró los ojos para no verlos pero ella insistió. Galtze le contó lo que le pasaba con los calcetines, que les tenía tanto miedo que no podía ni mirarlos. Entonces ella le cogió los pies y se los puso. Eran unos calcetines tan gorditos y tan cálidos que de inmediato calentaron los pies de Galtze y empezó a encontrarse mejor y pudieron seguir jugando con la nieve.
Al día siguiente, como si de un milagro se tratara, volvió el sol y desapareció la nieve. Galtze cogió los calcetines con los ojos cerrados, los metió en una bolsa bien cerrados y se los llevo a su amiga para devolvérselos. Pero su amiga le pidió que se los quedara, le dijo que eran un regalo, que eran unos calcetines mágicos y que si los miraba se le quitaría el miedo a los calcetines para siempre. Galtze no rechazó el regalo pero tampoco quiso mirarlos. Pero un día, en lo más crudo del invierno, cuando metió la mano con los ojos cerrados al cajón de los calcetines se encontró con la bolsita. La saco y con mucho miedo la abrió para mirar dentro. Aquellos calcetines eran realmente mágicos, eran de todos los colores y los dibujos cambiaban depende de lo que estuvieras imaginando. Galtze no podía dejar de mirarlos eran realmente fabulosos, fantásticos, espectaculares y lo mejor de todo era que ya no le daban miedo.
Ahora Galtze ya es mayor y ¿sabéis en que trabaja? Ya veo que alguno lo habéis adivinado, tiene una tienda de calcetines. Pero por mucho que ha buscado por el mundo jamás ha vuelto a ver unos calcetines como aquellos. Bueno, jamás no, que los tiene guardados en aquel cajón bajo llave pero no porque les tenga miedo, simplemente no quiere perderlos porque le gusta mirarlos cuando tiene miedo.
El juego de Xarle quería ser un espacio para la reflexión y el pensamiento. Así empezó pero pronto se llenó de amores olvidados. El amor lo inunda todo, nos desborda cuando lo sentimos, nos desborda cuando no nos corresponden. Este espacio ya no es mío, es tuyo, es mi regalo. Aquí estará esperando siempre a que tus ojos vuelvan a dar vida a en mis palabras.
jueves, 8 de enero de 2015
miércoles, 7 de enero de 2015
Casi cuentos de adulto para Rita: de cómo se construyen los sueños
Todos soñamos, cada noche lo hacemos aunque por el día no nos acordemos de lo que hemos soñado. Pero eso sueños no son importantes, los importantes son aquellos que soñamos despiertos aunque en cierta manera muchas veces corren la misma suerte y se terminan olvidando.
Muchas veces nuestros sueños tienen que ver más con el tener que con el ser, una casa mas grande, unas vacaciones en el Caribe, que nos toque la lotería… Particularmente esos sueños no me parecen relevantes y prefiero quedarme con esas pequeñas cosas que tenemos guardadas dentro, esas cosas mas sencillas o esas cosas tremendamente complicadas que nos harían felices. Seguro que a alguno o alguna de vosotras os gustaría aprender a tocar la guitarra, retomar aquellas clases de pintura, volver a disfrutar de aquellos paseos que dabais por la naturaleza, junto al mar, tan solo con el sonido de las olas… Ya sabéis esas cosas sencillas para las que nunca tenemos tiempo. Pero también hay sueños mas grandes, encontrar el amor -ese amor verdadero que haga que te despiertes sonriendo y te acuestes feliz de haber vivido ese nuevo día- suele ser uno de ellos.
En el fondo da lo mismo lo que cada uno sueñe, soñemos con tener, con ser o con lo que sea, los sueños no se construyen solos. A veces la casualidad quiere que nos encontremos con ellos sin esfuerzo, sin trabajo y casi, casi por sorpresa. Pero incluso el que desea que le toque la lotería tiene que tomarse el trabajo de comprar al menos un décimo. Los sueños normalmente no se encuentran. Se consiguen.
Era se que se era –¿así empiezan los cuentos no?- un hombre que vivía en una pequeña villa del norte. Cuando se asomaba por la ventana podía contemplar aquellas montañas verdes plagadas de árboles centenarios que normalmente se teñían de blanco hasta bien entrada la primavera, momento en el cual se deshacían en cristalinos ríos que buscaban su destino en el mar.
Era se que se era, una mujer que vivía en una enorme ciudad del sur. Solo podía abrir las ventanas alguna noche de invierno porque durante el día el calor invadía la casa y hacía la estancia insoportable. Desde su ventana solo se veía el edificio de enfrente y un montón de ventanas cerradas que ni al frescor de la noche se abrían de par en par.
El hombre, la mujer, tenían un sueño. Tal vez el mismo, tal vez diferente pero en lo profundo, en lo más profundo de sus corazones el sueño representaba lo mismo.
Cada día al levantarse la mujer contemplaba esas ventanas cerradas y pensaba que eso no podía ser, que la vida es un mundo de espacios abiertos y que no se puede cerrar el paso a la vida, ya fuera al calor o al frio de un invierno que era desconocido.
Cada día al levantarse el hombre comprobaba que las ventanas estuvieran cerradas, no quería de ninguna de las maneras que el frio entrara en la casa. Y pensaba que ojalá viviera en otro lugar dónde fuera siempre primavera.
Sea por lo que fuera, las ventanas de las dos casas estaban cerradas. El pensaba que era mejor no abrirlas, que tal vez pudiera hacerlo en otras circunstancias. A ella en cambio solo le faltaba decidirse a girar la manilla de la ventana aunque la duda todavía era demasiado grande.
Si me preguntáis quién abrió primero sus ventanas no sabría que responderos. Solo me se esa parte de la historia y los seres humanos son tan diferentes y actúan de manera tan diferente que es complicado saber quién lo hizo primero si es que llegaron a hacerlo. Pero cuando lo pienso me digo que es más fácil cambiar nosotros mismos y lo que está en nuestra mano que que cambié todo lo que está a nuestro alrededor. Y lo que si que tengo claro es que para que una ventana se abra alguien tiene que girar la manilla.
Muchas veces nuestros sueños tienen que ver más con el tener que con el ser, una casa mas grande, unas vacaciones en el Caribe, que nos toque la lotería… Particularmente esos sueños no me parecen relevantes y prefiero quedarme con esas pequeñas cosas que tenemos guardadas dentro, esas cosas mas sencillas o esas cosas tremendamente complicadas que nos harían felices. Seguro que a alguno o alguna de vosotras os gustaría aprender a tocar la guitarra, retomar aquellas clases de pintura, volver a disfrutar de aquellos paseos que dabais por la naturaleza, junto al mar, tan solo con el sonido de las olas… Ya sabéis esas cosas sencillas para las que nunca tenemos tiempo. Pero también hay sueños mas grandes, encontrar el amor -ese amor verdadero que haga que te despiertes sonriendo y te acuestes feliz de haber vivido ese nuevo día- suele ser uno de ellos.
En el fondo da lo mismo lo que cada uno sueñe, soñemos con tener, con ser o con lo que sea, los sueños no se construyen solos. A veces la casualidad quiere que nos encontremos con ellos sin esfuerzo, sin trabajo y casi, casi por sorpresa. Pero incluso el que desea que le toque la lotería tiene que tomarse el trabajo de comprar al menos un décimo. Los sueños normalmente no se encuentran. Se consiguen.
Era se que se era –¿así empiezan los cuentos no?- un hombre que vivía en una pequeña villa del norte. Cuando se asomaba por la ventana podía contemplar aquellas montañas verdes plagadas de árboles centenarios que normalmente se teñían de blanco hasta bien entrada la primavera, momento en el cual se deshacían en cristalinos ríos que buscaban su destino en el mar.
Era se que se era, una mujer que vivía en una enorme ciudad del sur. Solo podía abrir las ventanas alguna noche de invierno porque durante el día el calor invadía la casa y hacía la estancia insoportable. Desde su ventana solo se veía el edificio de enfrente y un montón de ventanas cerradas que ni al frescor de la noche se abrían de par en par.
El hombre, la mujer, tenían un sueño. Tal vez el mismo, tal vez diferente pero en lo profundo, en lo más profundo de sus corazones el sueño representaba lo mismo.
Cada día al levantarse la mujer contemplaba esas ventanas cerradas y pensaba que eso no podía ser, que la vida es un mundo de espacios abiertos y que no se puede cerrar el paso a la vida, ya fuera al calor o al frio de un invierno que era desconocido.
Cada día al levantarse el hombre comprobaba que las ventanas estuvieran cerradas, no quería de ninguna de las maneras que el frio entrara en la casa. Y pensaba que ojalá viviera en otro lugar dónde fuera siempre primavera.
Sea por lo que fuera, las ventanas de las dos casas estaban cerradas. El pensaba que era mejor no abrirlas, que tal vez pudiera hacerlo en otras circunstancias. A ella en cambio solo le faltaba decidirse a girar la manilla de la ventana aunque la duda todavía era demasiado grande.
Si me preguntáis quién abrió primero sus ventanas no sabría que responderos. Solo me se esa parte de la historia y los seres humanos son tan diferentes y actúan de manera tan diferente que es complicado saber quién lo hizo primero si es que llegaron a hacerlo. Pero cuando lo pienso me digo que es más fácil cambiar nosotros mismos y lo que está en nuestra mano que que cambié todo lo que está a nuestro alrededor. Y lo que si que tengo claro es que para que una ventana se abra alguien tiene que girar la manilla.
lunes, 29 de diciembre de 2014
Tu sonrisa, quiero encontrar tu sonrisa.
Quiero volver a mecerme en ella,
a sumergirme en los labios profundos
y en el marfil de tus dientes.
Quiero verte sonreír y que sonrías conmigo
llenándonos de nuevo de esa felicidad
que solo se encuentra en las personas felices,
en las personas que viven con ilusión cada momento,
en las personas que se aman.
Y busco en todos los sitios dónde hemos estado,
volviendo una y otra vez sobre mis pasos
tan solo para recordarla.
Busco en ese paseo por la costa,
entre la ropa de las tiendas que hemos visitado juntos,
en aquellos caminos entre verdes montañas
que no llevan a ningún lado excepto al mismo sitio,
al lado de esta ría maravillosa que desemboca en el mar,
en ese mar, el único lugar donde podemos encontrarnos.
Tan bellos son esos lugares,
tan bellos y a tu lado no son nada. Nada.
Y en cada paso recuerdo un momento,
en cada paso siento tus sonrisas,
pegadas a los arboles,
a los grises muros de piedra,
impregnando el aroma de los centros comerciales,
navegando en las tranquilas aguas de una ría con marea alta.
Tan inmensa es tu sonrisa que solo el mar puede albergarla,
solo el mar podría soñar con llegar a ser tan bello,
tan profundo,
tan apaciguador para mi cuerpo y alma.
El mar ha sido siempre mi amante silenciosa,
esa amante que siempre esta ahí
para llorar con su sal tus penas,
para refrescar el calor de tu ira,
para besarte con su brisa de yodo,
para poner calma a tu desesperación
y sonrisas en tu vida
esperándote siempre, en calma o embravecida,
esperándote siempre te acoge en su cálido regazo
de aguas heladas y momentos pasados.
Pero ahora tengo tu sonrisa, tan lejos y tan ausente,
y ya solo puedo pensar en salir a buscarla,
cada vez mas lejos, cada vez mas complicado,
pero al despertar a la mañana
dirijo siempre mis pasos hacia ella.
Volveré a encontrarla.
Lo se.
Se que volveré a encontrarla,
tal vez junto al mar,
tal vez el mar también me traiga tu sonrisa.
Quiero volver a mecerme en ella,
a sumergirme en los labios profundos
y en el marfil de tus dientes.
Quiero verte sonreír y que sonrías conmigo
llenándonos de nuevo de esa felicidad
que solo se encuentra en las personas felices,
en las personas que viven con ilusión cada momento,
en las personas que se aman.
Y busco en todos los sitios dónde hemos estado,
volviendo una y otra vez sobre mis pasos
tan solo para recordarla.
Busco en ese paseo por la costa,
entre la ropa de las tiendas que hemos visitado juntos,
en aquellos caminos entre verdes montañas
que no llevan a ningún lado excepto al mismo sitio,
al lado de esta ría maravillosa que desemboca en el mar,
en ese mar, el único lugar donde podemos encontrarnos.
Tan bellos son esos lugares,
tan bellos y a tu lado no son nada. Nada.
Y en cada paso recuerdo un momento,
en cada paso siento tus sonrisas,
pegadas a los arboles,
a los grises muros de piedra,
impregnando el aroma de los centros comerciales,
navegando en las tranquilas aguas de una ría con marea alta.
Tan inmensa es tu sonrisa que solo el mar puede albergarla,
solo el mar podría soñar con llegar a ser tan bello,
tan profundo,
tan apaciguador para mi cuerpo y alma.
El mar ha sido siempre mi amante silenciosa,
esa amante que siempre esta ahí
para llorar con su sal tus penas,
para refrescar el calor de tu ira,
para besarte con su brisa de yodo,
para poner calma a tu desesperación
y sonrisas en tu vida
esperándote siempre, en calma o embravecida,
esperándote siempre te acoge en su cálido regazo
de aguas heladas y momentos pasados.
Pero ahora tengo tu sonrisa, tan lejos y tan ausente,
y ya solo puedo pensar en salir a buscarla,
cada vez mas lejos, cada vez mas complicado,
pero al despertar a la mañana
dirijo siempre mis pasos hacia ella.
Volveré a encontrarla.
Lo se.
Se que volveré a encontrarla,
tal vez junto al mar,
tal vez el mar también me traiga tu sonrisa.
lunes, 22 de diciembre de 2014
Hoy he despertado entre sonrisas,
recordando el sabor de tus labios,
sintiendo el tacto de tu piel perfecta,
la fuerza y calor de tus abrazos.
En la noche más larga comienza el invierno,
el solsticio me atrapa para echarte en falta,
y la luna es fría y el sol hoy está lejos.
Pero sonrío, sonrío porque te siento cerca.
Sonrío porque sueño en primaveras,
en días de luz, en noches de vino y rosas,
sentados en cualquier acantilado,
mirando al mar,
mirando la vida,
viviendo los sueños,
esos sueños que a veces creo que soñamos juntos.
Sonrío. Estas lejos pero te siento cerca.
Y vuelve a mi cabeza tu cuerpo desnudo,
el éxtasis absoluto de tu piel en la mía,
de la mía en la tuya,
de tus labios comiéndome a besos,
de tus ojos mirándome,
mirándome por dentro,
dónde nadie mas ha mirado,
dónde nadie mas ha querido venir a buscarme.
Siento vergüenza al sentirme desnudo,
no es mi piel, no es mi cuerpo,
me siento desnudo en lo profundo.
Mi cuerpo es piel y hueso,
mas viejo que ayer pero menos que mañana
y nunca bello, me avergüenzo pero menos.
Tú me has visto por dentro,
y por dentro no se ni lo que tengo.
No se si soy agua o soy desierto,
no se si soy gris o de colores,
tal vez fuego, tal vez hielo,
calma o tormenta,
cielo o infierno.
Pero sonrío,
sonrío avergonzado porque me has visto por dentro.
Sonrío porque te has quedado,
porque no has salido huyendo
de ese monstruo que lo devora todo
solo por el ansia de seguir viviendo,
viviendo en ti, contigo, juntos.
Hoy he despertado entre sonrisas,
y seguiré todo el día sonriendo.
recordando el sabor de tus labios,
sintiendo el tacto de tu piel perfecta,
la fuerza y calor de tus abrazos.
En la noche más larga comienza el invierno,
el solsticio me atrapa para echarte en falta,
y la luna es fría y el sol hoy está lejos.
Pero sonrío, sonrío porque te siento cerca.
Sonrío porque sueño en primaveras,
en días de luz, en noches de vino y rosas,
sentados en cualquier acantilado,
mirando al mar,
mirando la vida,
viviendo los sueños,
esos sueños que a veces creo que soñamos juntos.
Sonrío. Estas lejos pero te siento cerca.
Y vuelve a mi cabeza tu cuerpo desnudo,
el éxtasis absoluto de tu piel en la mía,
de la mía en la tuya,
de tus labios comiéndome a besos,
de tus ojos mirándome,
mirándome por dentro,
dónde nadie mas ha mirado,
dónde nadie mas ha querido venir a buscarme.
Siento vergüenza al sentirme desnudo,
no es mi piel, no es mi cuerpo,
me siento desnudo en lo profundo.
Mi cuerpo es piel y hueso,
mas viejo que ayer pero menos que mañana
y nunca bello, me avergüenzo pero menos.
Tú me has visto por dentro,
y por dentro no se ni lo que tengo.
No se si soy agua o soy desierto,
no se si soy gris o de colores,
tal vez fuego, tal vez hielo,
calma o tormenta,
cielo o infierno.
Pero sonrío,
sonrío avergonzado porque me has visto por dentro.
Sonrío porque te has quedado,
porque no has salido huyendo
de ese monstruo que lo devora todo
solo por el ansia de seguir viviendo,
viviendo en ti, contigo, juntos.
Hoy he despertado entre sonrisas,
y seguiré todo el día sonriendo.
viernes, 19 de diciembre de 2014
Una frontera que separa dos mundos,
dos realidades, dos vidas.
Tan cerca y tan lejos,
solo un mar nos separa,
algo inmenso a veces
de tiempos infinitos,
otras veces tan solo una bahía
apenas un instante.
Una bahía dónde nadar,
dónde nuestras vidas se mezclan
al ritmo que marcan las olas
mecidas por la luna.
Una bahía donde poder encontrarse
en días de sol para enamorarnos,
en días de lluvia para compartir tristezas,
pero siempre acompañados de sonrisas,
de abrazos, de besos, de ti, de mi,
de nosotros.
Tal vez no era lo que buscábamos
pero en ese mar a la vez tan grande y tan pequeño,
en ese mar tan en calma y tan embravecido,
y sobre todo ese tan mar impredecible,
en ese mar nos hemos encontrado.
dos realidades, dos vidas.
Tan cerca y tan lejos,
solo un mar nos separa,
algo inmenso a veces
de tiempos infinitos,
otras veces tan solo una bahía
apenas un instante.
Una bahía dónde nadar,
dónde nuestras vidas se mezclan
al ritmo que marcan las olas
mecidas por la luna.
Una bahía donde poder encontrarse
en días de sol para enamorarnos,
en días de lluvia para compartir tristezas,
pero siempre acompañados de sonrisas,
de abrazos, de besos, de ti, de mi,
de nosotros.
Tal vez no era lo que buscábamos
pero en ese mar a la vez tan grande y tan pequeño,
en ese mar tan en calma y tan embravecido,
y sobre todo ese tan mar impredecible,
en ese mar nos hemos encontrado.
jueves, 18 de diciembre de 2014
Cinco frases de Paulo Coelho
"No existe amor en paz. Siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas".
"La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante".
"Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él".
"Presta atención a todos los momentos, porque la oportunidad, el instante mágico, está a nuestro alcance".
"El barco está más seguro cuando está en el puerto; pero no es para eso que se construyeron los barcos".
"La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante".
"Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él".
"Presta atención a todos los momentos, porque la oportunidad, el instante mágico, está a nuestro alcance".
"El barco está más seguro cuando está en el puerto; pero no es para eso que se construyeron los barcos".
Gabonetako gutuna
Esto debería empezar con algo así como querido Olentzero, o tal vez queridos Reyes Magos, que en mi casa siempre hemos sido monárquicos y hay tradiciones que es difícil cambiar. Y es bien curioso lo arraigadas que están las tradiciones incluso cuando, como es el caso de mi casa, ninguno somos creyentes, ni católicos. Pero la navidad debe de ser de esas cosas que ilusionan desde niño y que siempre quedan dentro, aunque con los años la ilusión se vaya diluyendo.
Desde muy pequeño supe que los reyes eran los padres, dicen que es bueno que los niños no vivan en ese mundo de ilusión demasiado tiempo, pero yo creo que lo supe demasiado pronto. Por eso apenas tengo recuerdos, por no decir ninguno, de haber escrito carta a los reyes pidiendo juguetes. No diré que me entristezca especialmente pero si que siento esa nostalgia de ser niño.
Curiosamente hace unos pocos años, no más de cuatro o cinco, empecé a escribir mi carta de navidad, supongo que no iba dirigida ni a Olentzero ni a los Reyes y si mas bien al nuevo año. Supongo que, al fin y al cabo, más que una petición era una lista de deseos para el año nuevo, aunque el soñador que llevo dentro, a veces demasiado oculto, sigue creyendo en la magia.
Bueno, lo cierto es que escribir, lo que es escribir sería el tercer año que lo hago -y la primera vez que lo publico-, los anteriores han sido tan solo un momento de recogimiento para pensar en qué es lo importante de la vida y qué me gustaría que la vida me regalara. La verdad es que siempre he sido humilde pidiendo, humilde pero a la vez pidiéndolo todo. Como decía la canción tres cosas hay en la vida, salud, dinero y amor. Mi traducción ha venido siendo mantener la salud, mantener el trabajo y, ainsssss ¡como me cuesta decir esto!, encontrar el amor y las dos primeras siempre lo he deseado para mi y para mi familia. Estas han sido mis peticiones de los últimos años y mas o menos, excetuando el amor y con algún que otro disgusto gordo, se han ido cumpliendo.
Pero este año mi carta de navidad tiene que ser diferente, salud y trabajo para mi y para mi familia es un deseo que se mantiene fuerte en mi. Pero algo ha cambiado. Algo ha cambiado mucho. Allí por mayo de 2014 encontré el amor y en estos meses ese amor se ha ido fortaleciendo hasta convertirse en algo demasiado grande como para que pueda controlar mis sentimientos.
Cuando pedía amor creía que el amor significaba la más absoluta de las felicidades y en cierta manera no me equivocaba. Me siento absolutamente feliz, pero de la manera que lo he encontrado también es un regalo con cierta dosis de veneno, de dolor, de frustraciones, de desesperación. Tal vez haya encontrado uno de esos amores imposibles.
Así que al año nuevo quiero pedirle salud y trabajo para mi y los que me rodean, y para todas las personas del mundo si fuera posible. Pero mi mayor deseo de este año, el que me eriza el bello, el hace que al pensarlo se me ponga un nudo en el estómago, el que me llena de emoción y esperanza, el deseo en el que pienso muchas veces durante todos mis días es, que ese amor imposible durante 2015 sea cada vez menos imposble. Que ese veneno vaya desapareciendo y quede solamente la mas absoluta de las felicidades.
Eso le pido a 2015, a Olentzero o a sus majestades. Hoy, y casi siempre, quiero soñar que existe la magia.
Gabon Zoriontzua eta Urte Berri On
Desde muy pequeño supe que los reyes eran los padres, dicen que es bueno que los niños no vivan en ese mundo de ilusión demasiado tiempo, pero yo creo que lo supe demasiado pronto. Por eso apenas tengo recuerdos, por no decir ninguno, de haber escrito carta a los reyes pidiendo juguetes. No diré que me entristezca especialmente pero si que siento esa nostalgia de ser niño.
Curiosamente hace unos pocos años, no más de cuatro o cinco, empecé a escribir mi carta de navidad, supongo que no iba dirigida ni a Olentzero ni a los Reyes y si mas bien al nuevo año. Supongo que, al fin y al cabo, más que una petición era una lista de deseos para el año nuevo, aunque el soñador que llevo dentro, a veces demasiado oculto, sigue creyendo en la magia.
Bueno, lo cierto es que escribir, lo que es escribir sería el tercer año que lo hago -y la primera vez que lo publico-, los anteriores han sido tan solo un momento de recogimiento para pensar en qué es lo importante de la vida y qué me gustaría que la vida me regalara. La verdad es que siempre he sido humilde pidiendo, humilde pero a la vez pidiéndolo todo. Como decía la canción tres cosas hay en la vida, salud, dinero y amor. Mi traducción ha venido siendo mantener la salud, mantener el trabajo y, ainsssss ¡como me cuesta decir esto!, encontrar el amor y las dos primeras siempre lo he deseado para mi y para mi familia. Estas han sido mis peticiones de los últimos años y mas o menos, excetuando el amor y con algún que otro disgusto gordo, se han ido cumpliendo.
Pero este año mi carta de navidad tiene que ser diferente, salud y trabajo para mi y para mi familia es un deseo que se mantiene fuerte en mi. Pero algo ha cambiado. Algo ha cambiado mucho. Allí por mayo de 2014 encontré el amor y en estos meses ese amor se ha ido fortaleciendo hasta convertirse en algo demasiado grande como para que pueda controlar mis sentimientos.
Cuando pedía amor creía que el amor significaba la más absoluta de las felicidades y en cierta manera no me equivocaba. Me siento absolutamente feliz, pero de la manera que lo he encontrado también es un regalo con cierta dosis de veneno, de dolor, de frustraciones, de desesperación. Tal vez haya encontrado uno de esos amores imposibles.
Así que al año nuevo quiero pedirle salud y trabajo para mi y los que me rodean, y para todas las personas del mundo si fuera posible. Pero mi mayor deseo de este año, el que me eriza el bello, el hace que al pensarlo se me ponga un nudo en el estómago, el que me llena de emoción y esperanza, el deseo en el que pienso muchas veces durante todos mis días es, que ese amor imposible durante 2015 sea cada vez menos imposble. Que ese veneno vaya desapareciendo y quede solamente la mas absoluta de las felicidades.
Eso le pido a 2015, a Olentzero o a sus majestades. Hoy, y casi siempre, quiero soñar que existe la magia.
Gabon Zoriontzua eta Urte Berri On
miércoles, 17 de diciembre de 2014
Ayer vi tus ojos,
los miré mil veces,
mil millones de preciosos instantes.
Los vi cansados,
tristes,
llorosos,
enfadados,
alegres,
con la mirada perdida,
observadores,
analizando,
comprensivos,
compasivos…
Ayer los vi, los miré mil veces,
y los vi de mil formas diferentes,
siempre profundos,
siempre bellos.
Y me miraron,
me miraron a mi,
a mis ojos
y tal vez vieran cosas parecidas.
Pero no quiero hablar de eso.
Quiero hablar de esa mirada sostenida,
de esa mirada profundamente silenciosa,
de esa conexión que se creó entre nuestros ojos.
Medio desnudos,
con nuestra sexualidad en plena efervescencia,
el mundo se para, la vida se para,
y tan solo nos miramos,
nos miramos a los ojos,
para perdernos el uno en el otro,
sin invadirnos, sin perturbarnos,
y encontrarnos en lo mas profundo,
en algo que no llego a comprender
ni mucho menos a poder expresar con palabras.
Serenidad, paz, equilibrio.
¿amor?
Felicidad absoluta
No se, las palabras son todas obscenas para describirlo.
Tus ojos son preciosos cuando huyen por la vergüenza,
cuando miran como ayer son el mayor espectáculo del mundo.
Nada puede superarlo,
nada puede soñar con igualarlo.
La mirada más maravillosa.
Sabes que recuerdo muchos de nuestros momentos,
sabes que algunos son para mi muy especiales,
sabes que algunos no los olvidaré nunca
pero esa mirada, ese momento, vivirá en mi siempre.
Cuando llegue el momento de cerrar los ojos
podré hacerlo recordando esa mirada.
los miré mil veces,
mil millones de preciosos instantes.
Los vi cansados,
tristes,
llorosos,
enfadados,
alegres,
con la mirada perdida,
observadores,
analizando,
comprensivos,
compasivos…
Ayer los vi, los miré mil veces,
y los vi de mil formas diferentes,
siempre profundos,
siempre bellos.
Y me miraron,
me miraron a mi,
a mis ojos
y tal vez vieran cosas parecidas.
Pero no quiero hablar de eso.
Quiero hablar de esa mirada sostenida,
de esa mirada profundamente silenciosa,
de esa conexión que se creó entre nuestros ojos.
Medio desnudos,
con nuestra sexualidad en plena efervescencia,
el mundo se para, la vida se para,
y tan solo nos miramos,
nos miramos a los ojos,
para perdernos el uno en el otro,
sin invadirnos, sin perturbarnos,
y encontrarnos en lo mas profundo,
en algo que no llego a comprender
ni mucho menos a poder expresar con palabras.
Serenidad, paz, equilibrio.
¿amor?
Felicidad absoluta
No se, las palabras son todas obscenas para describirlo.
Tus ojos son preciosos cuando huyen por la vergüenza,
cuando miran como ayer son el mayor espectáculo del mundo.
Nada puede superarlo,
nada puede soñar con igualarlo.
La mirada más maravillosa.
Sabes que recuerdo muchos de nuestros momentos,
sabes que algunos son para mi muy especiales,
sabes que algunos no los olvidaré nunca
pero esa mirada, ese momento, vivirá en mi siempre.
Cuando llegue el momento de cerrar los ojos
podré hacerlo recordando esa mirada.
sábado, 13 de diciembre de 2014
viernes, 12 de diciembre de 2014
Hay seres grises en el mundo,
esos seres que pasan sin hacer ruido
prácticamente como una sombra,
sin molestar aunque deseando ser molestados.
Seres que desean brillar, ser luz,
pero que ni el espejo es capaz de reflejar su imagen.
Solitarios seres incluso cuando están acompañados.
Seres, cuyo único anhelo es vivir en los ojos de otro,
pero en esos ojos no hay sitio para ellos.
Hay seres grises, los hay,
de esos que intentan poner una sonrisa al mundo
y el mundo nunca sabe apreciarlo,
de esos que intentan ayudarte
que siempre están disponibles
pero casi nadie lo valora,
de esos que cuando te necesitan
casi nunca piden ayuda.
Casi nunca la piden,
porque saben que no saben pedirla,
porque saben que cuando la piden
no suelen obtener respuesta
y cuando la obtienen no es amor,
son reproches, exigencias, mas dolor.
Seres grises.
Pero siguen sonriendo,
lo harán siempre,
aunque a veces su sonrisa sea melancólica.
Siguen sonriendo porque necesitan hacerlo.
El mundo sin sonrisas no tiene sentido para ellos.
Y seguirán buscando hasta encontrar sonrisas.
Hay seres grises que nunca han sentido
un verdadero amor correspondido,
y eso les hace mas grises todavía,
casi oscuros, negro azabache.
Noche otra vez en sus corazones.
Nunca perderán la esperanza,
aun cuando no puedan con su alma
porque los seres grises luchan,
luchan siempre incluso cuando la victoria es imposible.
La derrota llega.
Se rinden.
Lloran.
Y en sus eterno caminar nadie les mira,
solo la lluvia se atreve a acariciarle el rostro,
por eso la aman,
por eso la buscan,
por eso siempre llaman amiga a la lluvia.
Hay seres grises que no dejarán de gritar
pero que nunca serán escuchados.
Hay seres grises que nunca dejarán de serlo
pero el que sepa encontrarlos,
el que sepa amarlos,
se dará cuenta que en su interior
estallan todos los colores.
Hay seres grises.
Los hay.
Yo soy uno, por eso puedo asegurarlo.
esos seres que pasan sin hacer ruido
prácticamente como una sombra,
sin molestar aunque deseando ser molestados.
Seres que desean brillar, ser luz,
pero que ni el espejo es capaz de reflejar su imagen.
Solitarios seres incluso cuando están acompañados.
Seres, cuyo único anhelo es vivir en los ojos de otro,
pero en esos ojos no hay sitio para ellos.
Hay seres grises, los hay,
de esos que intentan poner una sonrisa al mundo
y el mundo nunca sabe apreciarlo,
de esos que intentan ayudarte
que siempre están disponibles
pero casi nadie lo valora,
de esos que cuando te necesitan
casi nunca piden ayuda.
Casi nunca la piden,
porque saben que no saben pedirla,
porque saben que cuando la piden
no suelen obtener respuesta
y cuando la obtienen no es amor,
son reproches, exigencias, mas dolor.
Seres grises.
Pero siguen sonriendo,
lo harán siempre,
aunque a veces su sonrisa sea melancólica.
Siguen sonriendo porque necesitan hacerlo.
El mundo sin sonrisas no tiene sentido para ellos.
Y seguirán buscando hasta encontrar sonrisas.
Hay seres grises que nunca han sentido
un verdadero amor correspondido,
y eso les hace mas grises todavía,
casi oscuros, negro azabache.
Noche otra vez en sus corazones.
Nunca perderán la esperanza,
aun cuando no puedan con su alma
porque los seres grises luchan,
luchan siempre incluso cuando la victoria es imposible.
La derrota llega.
Se rinden.
Lloran.
Y en sus eterno caminar nadie les mira,
solo la lluvia se atreve a acariciarle el rostro,
por eso la aman,
por eso la buscan,
por eso siempre llaman amiga a la lluvia.
Hay seres grises que no dejarán de gritar
pero que nunca serán escuchados.
Hay seres grises que nunca dejarán de serlo
pero el que sepa encontrarlos,
el que sepa amarlos,
se dará cuenta que en su interior
estallan todos los colores.
Hay seres grises.
Los hay.
Yo soy uno, por eso puedo asegurarlo.
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