martes, 17 de mayo de 2016

Casicuentos para Rita: Ciberbog XIII - Desnudos

Me desperté cuando los primeros rayos de sol clareaban los cristales tiznados de mi habitación, me dolía la cabeza e incluso la escasa luz que entraba me molestaba a los ojos. La reseca me retrotrajo a mis tiempos de juventud, cualquier tiempo pasado fue mejor dicen, tiempos diferentes sin duda, con mas ganas de vivir, con toda la vida por delante. Noté también un dolor en la mano, me la miré. Tenía la uñas marcadas en la palma de tanto que había apretado la pelotita naranja. Me levanté y rebusqué en la maleta algún comprimido para el dolor, me lo tomé con un vaso de agua y me volví a la cama.
Recordé los pocos días que dormimos juntos, como me despertaba una y otra vez y no podía dejar de mirarla, la piel perfecta de su espalda engalanada con su pelo, su boca entreabierta con aquellos labios carnosos enseñando un poco los esplendidos dientes con los que me sonreía y esa serena tranquilidad que tan difícil era ver reflejada en su rostro. Desnuda en mi cama, preciosa, el ser mas preciosa, el alma mas bella. Había tenido relaciones sexuales con anterioridad, me gustaría decir que muchas pero sería faltar a la verdad, pero con ella hice el amor por primera vez. Aprendí la diferencia, siempre había pensado que ambas cosas eran lo mismo, pero no lo eran. Empezábamos tonteando, en una danza de besos que se dan y que se niegan, las miradas encontrándose, las sonrisas invadiendo el espacio. Manos que se unían para terminar fundiéndose en un abrazo profundo, apaciguador. Recorría su espalda con mis manos, masaje, caricias, no se exactamente lo que era, el amor en mis manos y detrás de mis manos caminaban mis labios, que se perdían debajo de su pelo para besar su cuello, para buscar sus labios y encontrar su sonrisa, sus besos, su amor. Se despertaba la lujuria del placer pero no ese placer animal del sexo puro, ese placer de dos cuerpos que se encuentran y se aman. Nunca olvidaré el día que en el sofá de mi casa, en plena efervescencia sexual, desnudos, con mi cuerpo dentro del suyo, nuestros ojos se encontraron y se detuvo el mundo. Nos paramos y nos quedamos mirándonos el uno al otro, y pudimos vernos por dentro, nos encontramos en lo mas profundo. No se cuánto duro ese momento, no mas de unos minutos, pero fueron los mas maravillosos de mi vida. Si solo pudiera llevarme un recuerdo me llevaría ese. Un recuerdo que sin embargo no puedo compartir con nadie. Mi tesoro mas preciado, algo que por si mismo ha hecho que mi vida merezca la pena.
Siempre dude si conseguía satisfacerla del todo sexualmente, no tengo demasiada experiencia, ni demasiado aguante y eso me martilleaba una y otra vez en la cabeza, quería que sintiera el placer que yo sentía. Pero mi placer era él amor, si ella me amaba, y creo, tal vez porque deseo creerlo, que amaba con locura, también debió sentir lo mismo.

Gracias al efecto del comprimido mi cabeza se fue despejando poco a poco, cada vez había mas luz en aquella estancia gris y con la sensación de bienestar y la energía que se siente después de haberse encontrado mal cogí mi vid para investigar sobre la muerte de la doctora Roes. Antes de zambullirme en la búsqueda me vino al pensamiento si alguna vez volvería a tener esa sensación de bienestar en mi alma.

lunes, 16 de mayo de 2016

Casicuentos para Rita: Ciberbog XII - Kint

Encontré a Kint en una de esas tabernas que tenían ese aire de decaimiento que acompañaba a todo el barrio. Departía con algunos clientes sobre al prácticamente a gritos, como solía hacerlo. Kint trabajaba de bio-ingeniero en una importante corporación lo que le permitía llevar una vida acomodada, hubiera podido vivir en cualquier lugar pero había optado por quedarse en este barrio obrero. Así se veía él, como cualquier peón de cualquier profesión del mundo, y razón no le faltaba, por muy bueno que fuera su trabajo no dejaba de ser un peón del que la corporación no tendría ningún pudor en deshacerse cuando ya no lo necesitara. Kint estuvo enamorado durante dos décadas de una compañera de universidad que no compartía sus sentimientos, fue testigo de su boda con otra persona, vio como crecían sus hijos y fue testigo también de su divorcio. Pasado un tiempo del divorcio tuvieron una relación sentimental que le hizo feliz por unos meses y que le terminó amargando el resto de su vida. Se convirtió en un personaje taciturno que bebía mas de la cuenta.. Kint era el ejemplo de lo sobrevalorada que está la inteligencia, él lo era, lo tenía que ser para dedicarse a la bio-ingeniería, pero no era brillante como lo eran casi todos los bio-ingenieros. Sin embargo era un trabajador constante y apasionado y gracias a eso superaba a la mayoría de sus compañeras y compañeras. Las personas somos un conjunto de cualidades y la inteligencia solo es una mas, incluso me atrevería a decir que la inteligencia puede medirse de varios modos y puedes serlo para algunas cuestiones y ser todo lo contrario en otras. En cualquier caso no determina lo que somos, solo lo bien que podemos hacer aquellas cosas que decidimos hacer.
Cuando me vio, abandono su acalorada conversación, pidió dos cervezas y me tendió una. Tras las típicas frases de cortesía me empezó a hablar del día a día de su trabajo, le encantaba hablar de eso y a mi me solía gustar escucharle aunque en demasiadas ocasiones su mente se iba hacia lo mal organizada que estaba su corporación, la incompetencia de los mandos y solía terminar despotricando contra todos y todas a puro grito y contaminando de insultos y palabras mal sonantes sus argumentos. No dejé que la conversación tomara esos derroteros y le pedí que me contará un poco de la historia de la bio-ingeniería. No llegué a comprender la gran mayoría de las cosas que me contó, eran demasiado complicadas para mis escasos conocimientos de la materia, pero si logré hacerme una idea de que aportaba la materia viva a la robótica.
La historia de la computación empezó a escribirse con ceros y unos, un sistema binario con el que se trasmitían los datos en los primeras computadoras, en los primeros robots. Pasaba la corriente eléctrica o no pasaba, así de sencillo. Pronto se dieron cuenta de lo limitado que era aquel lenguaje de comunicación y empezaron a usar la computación cuántica que con sus Qbit, que además de poder ser 0 y 1 la materia puede estar en superposición coherente y ser 1 y 0 a la vez. A partir de ahí se fueron desarrollando sin parar diferentes sistemas que mejoraban el anterior. A pesar de ser muy didáctico y de esforzarse en dar explicaciones sencillas según iba avanzando en la historia de la computación menos conseguía entender. La historia concluía con la Doctora Roes que consiguió usar células neuronales para la transmisión de datos entre los procesadores, memorias y demás circuitos integrados. Estás células permitían que se fueran creando sinapsis en la medida que la maquina iba aprendiendo de la experiencia y que se crearan por tanto las conexiones necesarias para un desarrollo mas eficaz y adecuado a la tarea a la que estaba encomendado. Además hizo posible la incorporación de tejidos orgánicos a la mecánica de los robots, dando origen a la rama de la bio-mecánica, que solo era posible gracias a la transmisión de datos por tejido neuronal y nervioso y que revoluciono también la funcionalidad y adaptabilidad de las máquinas. De alguna manera se habían creado maquinas capaces de simular pensamiento y con una mecánica de movimientos prácticamente infinita.
La verdad es que estás explicaciones, que seguro que he llenado de incorrecciones, me resultaron muy interesantes pero no me sirvieron para nada por lo que me lancé a hacerle la pregunta que llevaba en la cabeza, ¿pueden llegar a tener sentimientos las máquinas? Se carcajeo y con aquella voz profunda y grave que tenía me dijo que no y que no le hablara de sentimientos. Las horas siguientes las pasó bebiendo y volviéndome a contar la historia del amor de su vida. Volví borracho a la habitación del edificio industrial, la única conclusión de aquel día, y era mas que dudosa, fue que pudiera ser que yo la hubiera amado mas pero sin duda, a ratos, ella supo amarme mejor. Después de vomitar conseguí quedarme dormido apretando la pelotita naranja en el interior de una de mis manos.


viernes, 13 de mayo de 2016

Casicuentos para Rita: Ciberbog XI - Sueños

Acondicioné como pude la habitación para hacer mi estancia en ella lo mas llevadera posible, aunque tuve la precaución de no limpiar los cristales para no delatar mi presencia desde el exterior. Eche de menos los robots de limpieza que tenía en casa y que hacían prácticamente todo el trabajo ellos solos. Existían Ciberbogs de limpieza que lo hacían absolutamente todo pero, por su precio, la mayoría de la población no podíamos recurrir a ellos, incluso los robots normales no estaban al alcance de todos.
Mientras limpiaba tuve tiempo a pensar sobre como había llegado a aquella situación. Salvo la cortina del apartamento, que tal vez hubiera podido dejar descorrida yo mismo sin darme cuenta, y los mensajes del ciberbog borrados, no tenía ningún indicador que me hiciera pensar que la Corporación me hubiera prestado la mas mínima atención y sin embargo había actuado como si me persiguieran a muerte. Tal vez había visto demasiados vid de películas de acción, tal vez creía demasiado en teorías de la conspiración. Mi intuición me decía que no me equivocaba, la prudencia provocada por el miedo me invitaba a seguir actuando como lo estaba haciendo. ¿Por qué tenía miedo? ¿Qué mas podía perder cuando había perdido lo mas, prácticamente lo único, importante que había tenido en esta vida? La vida así carecía de sentido. Tal vez investigar sobre todo lo que había con el Ciberbog, limpiar mi propia suciedad por no haberme interesado por lo que le había sucedido y pensar solo en mi mismo, daba sentido a mis días. Tal vez por eso me estaba comportando así, tal vez lo hacía tan solo buscando una emoción que hiciera mi vida menos anodina, mas interesante, mas vivible.
Agotado por el viaje, por los días de trajín con pocas horas de sueño y con el sentimiento de seguridad de que absolutamente nadie me buscaría allí, caí rendido en el vetusto colchón y me dormí. Dormí durante horas y horas hasta despertar al día siguiente recordando de nuevo un sueño. Caminábamos por un acantilado, frente a ese mar al que siempre me he sentido siempre unido y del que sin embargo siempre me he sentido alejado. Nos sentamos en un banco de piedra y nuestros pies empezaron a jugar solos, tonteando como dos adolescentes hasta que terminamos fundiendo nuestras bocas en un beso. Aparecimos de repente cerca de su casa, despidiéndonos con la mirada triste y dos besos de amigos en la mejilla. Caminando de vuelta a mi casa me envolvía el sentimiento de la soledad mas absoluta. Volví sobré mis pasos para poder ver desde lejos las persianas cerradas de su piso a través de las cuales se escapaba un poco de la luz que había dentro. Fuera la noche, la oscuridad, dentro una luz en la que yo quería vivir pero que estaba fuera de mi alcance. Dos vidas paralelas que tan solo se entrecruzaban esporádicamente para huir de si mismas. Intenté acercarme, pero cuando mas caminaba el edificio estaba mas se alejaba, corría hacía él pero nunca lo alcanzaba, me desesperaba y apretaba mas aún el paso solo para ver como aquella casa, aquel hogar terminaba desapareciendo de mi vista. Destrozado por dentro y por fuer me senté un banco y las lágrimas acudieron a mis ojos, el mar quedaba demasiado lejos pero sus aguas me inundaban. Y esas mismas lágrimas surcaban ahora mis mejillas dejando marcado su rastro de sal en mi rostro.

Me recompuse no sin dificultad, lave mi cara con abundante agua helada y me duche como pude. Se borraron las marcas que llevaba fuera, las de dentro tardarían años en borrarse si es que alguna vez llegaban a hacerlo. Con el frío metido en lo mas profundo de mi ser salí a la calle en busca de mi amigo bio-ingeniero. Mi enorme amigo de metal y tejido orgánico se merecía que saliera de mi autocompasión para buscar respuestas que permitieran un reencuentro en el que contar viejas historias y escribir nuevas.

jueves, 12 de mayo de 2016

El placer de conspirar (Doctor Deseo)

Que este beso
sea un verso desesperado
por colarse entre tus piernas,
que tu saliva sea
una ola tempestuosa
surfeada por tu lengua
donde mi piel se ahogue.

Y ahora me atas
y me preguntas si soy tu esclavo
y yo te digo, sí, por supuesto.

Que tus palabras
que con cariño dicen barbaridades
a veces tiernas a veces sucias,
ay, mi amor, qué bien me sientan.

Que fantasía y realidad
hoy van juntas de la mano,
yo te cuido, tú me cuidarás a mí.

El placer de conspirar,
poner el mundo del revés
como dos niños traviesos,
una chispa en la mirada,
es el momento de asaltar el paraíso.
El placer de conspirar,
poner el mundo del revés
como dos niños traviesos
una chispa en la mirada
es el momento de asaltar el paraíso.

Ahora tú mandas,
ahora soy, yo luego los dos,
después mejor ninguno.
Y así bailando,
tan divertidos tan despreocupados,
haremos que Sodoma y Gomorra
sea sólo un juego de niños.

Que fantasía y realidad
hoy van juntas de la mano,
yo te cuido, tú me cuidarás a mí.

El placer de conspirar,
poner el mundo del revés
como dos niños traviesos
una chispa en la mirada
es el momento de asaltar el paraíso.
El placer de conspirar,
poner el mundo del revés
como dos niños traviesos
una chispa en la mirada
es el momento de asaltar el paraíso.
El placer de conspirar,
poner el mundo del revés
como dos niños traviesos
una chispa en la mirada
es el momento de asaltar el paraíso.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Casicuentos para Rita: Ciberbog X - Vuelta al pasado

Empecé a hacer la maleta para trasladarme, cogí una maleta grande y la empecé a llenar con las cosas básicas, me di cuenta de que pocas cosas son realmente necesarias para vivir, tan solo había llenado la mitad de la maleta con ellas. Aun así opté por llenarla hasta los topes con lo que más útil consideré y tampoco pude dejar de sucumbir al narcisismo y metí ropa mas que de sobra para mantener un aspecto que lejos de ser elegante me parecía que me favorecía. Soy un hombre maduro que seguramente pasa por sus mejores momentos en lo físico, no siempre me preocupo de ello, pero con el tiempo cada vez mas me preocupo de mi aspecto. Mas me valdría haberme preocupado de mi aspecto interior pero en este mundo, como en todos, la imagen pesa demasiado y de alguna manera nos termina absorbiendo a todos. Con la maleta terminada, a punto de salir de casa sin un destino prefijado me di cuenta de que olvidaba lo mas importante. Corrí a mi caja de recuerdos y de ella saqué un mechero que ella me dio un día y unas pocas monedas que un día dejó olvidadas encima de la mesa y lo metí todo en una bolsita de tela negra. Junto con la pelotita naranja eran mis grandes tesoros. Rebuscando las monedas en la caja había encontrado unas llaves que pasé totalmente por alto pero recordando de repente de que eran volví atrás y me las metí al bolsillo.
Había dejado el cajón donde se encontraba la caja totalmente revuelto y con cosas tiradas por el suelo, por la cama y encima de los muebles. Se me ocurrió que podía ser desconcertante para la Coorporación, si finalmente terminaban violando mi vivienda, dejar la casa como si alguien hubiera rebuscado por todos los sitios. En menos de 10 minutos parecía que por mi casa había pasado un huracán, había vaciado cajones, armarios y demás espacios de almacenamiento y esparcido su contenido por toda la casa. No se lo que pensarían pero probablemente les entretuviera un rato tratando de hallar la respuesta y tal vez lograra incluso despistarles. En cualquier caso así lo dejé y salí por la puerta cuidándome de no cerrarla con llave para aumentar la sensación de que alguien se les había adelantado en el registro de mi casa.
Mi barrio se había construido hace mas de dos siglos en torno a un montón de edificios industriales. Era y seguía siendo un barrio obrero que había pasado por etapas de miseria y prosperidad, en este momento de la historia, en el que dominaban las corporaciones, la miseria estaba volviendo. Como vestigio del pasado quedaban aún algunos de esos edificios industriales que en la mayoría de los casos se estaban viniendo abajo por la falta de mantenimiento, muchos otros, en tiempos mas prósperos, se habían tirado y construido viviendas o edificios de oficinas. Las llaves que metí en mi bolsillo eran de un local en uno de esos edificios que aun resistían el paso del tiempo pero que estaban vacíos. En mi juventud, cuando nos dedicábamos mas a vivir que a pensar en el futuro, habíamos alquilado ese local para ensayar con un grupo de música y en torno al local habíamos creado un espacio para nosotros, un espacio para reunirnos e incluso para vivir. Eran otros tiempos, no importaban los lujos, ni las comodidades, el mañana vendría pero vivíamos el hoy. Éramos felices y despreocupados, creíamos que viviríamos en un mundo diferente, en un mundo mejor y también peleábamos para ello. El tiempo se ocupó de demostrar lo equivocados que estábamos. Ya nadie vivía allí, todos habíamos encontrado trabajos que nos permitían una vida acomodada hasta que las corporaciones se ocuparon de lanzarnos a la pobreza, muchos perdieron los trabajos, otros los mantenían pero les daba lo justo para vivir, unos pocos podíamos mantener un nivel de vida un poco mayor, algunos vendidos a las corporaciones y otras en proyectos cooperativistas que sin embargo iban perdiendo el sentido.
El caso es que después de muchos años dejamos de utilizar el local y dejamos de pagarlo. Nadie nos reclamó las llaves, nadie se enteró de que no pagábamos, seguramente el edificio pertenecía a alguna corporación que compró el edificio sin conocer que tenía inquilinos, algo extraño cuando la codicia y el dinero era lo que les movía pero probablemente el vendedor, un hombre de otra época, con otros valores y que sufrió presiones de todo tipo para vender el edificio simplemente no les había informado. Probé la llave y abrió, subí al sexto piso donde en su día habíamos montado la vivienda y como esperaba todo estaba ahí. Una capa de polvo cubría la negrura con la que seguramente algún incendio había cubierto las paredes, las ventanas  y todos los demás enseres. Dejé mi maleta junto a una cama y saqué la pelotita naranja del bolsillo, en aquel edificio era toda la luz, todo el color había, incluso yo iba vestido de negro.


martes, 10 de mayo de 2016

Una mirada distinta (Doctor Deseo)

¿cuántas veces más
repetiré la misma historia?
el mismo niño
tiembla y se esconde ante la noche.
maldita fiesta de espiral
bailan la culpa y su castigo.
al final de esta calle
solo hay mentiras y dolor.
una mirada distinta,
un agujero en esta cárcel.
una mirada distinta
que me acerque a tí.
quemar los viejos mapas,
respirar y transformar.
trazando puentes en la noche
de este largo invierno.
una mirada distinta,
un agujero en esta cárcel.
una mirada distinta
que me acerque a tí.
quemar los viejos mapas,
respirar y transformar.
trazando puentes en la noche
de este largo invierno.

lunes, 9 de mayo de 2016

Casicuentos para Rita: Ciberbog IX - Doctora Roes

La casa estaba helada, era más que la sensación de frio ambiental, la soledad y el vació eran mas gélidos aun, volver a una vida vacía congelaba el alma. Encendí el holovid para que el sonido me hiciera compañía y me perdí en lamentos poco constructivos por ni tan siquiera haberme preocupado de lo que le había sucedido al Cibergbog. Una imagen captó mi atención, se parecía terriblemente a ella, luego siguieron otras imágenes de la misma mujer con edades cada vez mas avanzadas. En el holovid glosaban la vida de una persona que había muerto ese mismo día. La verdad que, mas allá del parecido, esa cara me sonaba. Presté atención y resultó ser la ingeniera que sentó las bases y terminó desarrollando la bio-robótica tal y como la conocemos hoy en día, de alguna manera era la madre del Ciberbog. No creo en las coincidencias y las alarmas se me dispararon de nuevo. ¿Podría estar relacionado este hecho luctuoso con lo sucedido con el Ciberbog? Mi cabeza, mi intuición, gritaba que si con insistencia.  
Accedí a la red con mi identidad privada para buscar mas información sobre la ingeniera bio-robótica. Lo primero que me fijé fue en las fotos, efectivamente en su juventud tenía un parecido increíble con ella. Me terminé perdiendo en sus ojos marrón claro minimamente rasgados y en aquella sonrisa que lo iluminaba todo. Cuando desperté de la nostalgia me puse a leer su biografía y la historia de la bio-robótica. La bio-robótica tenía su origen en dos campos de estudios que terminaron confluyendo, la medicina y la inteligencia artificial. La medicina tenía un campo importante de desarrollo en la creación de tejidos semi-sintéticos que pudieran transplantarse al cuerpo humano en caso de necesidad y que mejoran incluso las prestaciones de los naturales, se había unido también a la robótica especialmente en aspectos traumatológicos y creación de prótesis. La inteligencia artificial llevaba décadas desarrollando una tecnología que permitiera a las maquinas aprender de la experiencia para que de esta manera, a su vez, revertiera en una mejora en los procesos para los que estaban programadas.
La doctora Roes se había formado y especializado en ambos campos, era una mujer brillante y con una expediente académico mas que sobresaliente. Muchas fueron las corporaciones que quisieron ficharla para sus equipos, la industria de la robótica le ofreció grandes sumas de créditos, la farmacéutica también, la medicina podía ofrecerle menos dinero pero también intentaban atraerla hacia su campo aprovechando su carácter altruista y su deseo de contribuir al bien de común. Precisamente por esto no se comprometió con ninguna corporación y siguió investigando por su cuenta, lo que descubriera se pondría al servicio de todos y no al beneficio económico de unos pocos. Los medios con los que contaba no eran los que hubieran podido proporcionarle las corporaciones pero tenía la libertad absoluta de orientar su investigación hacia donde quisiera, se financiaba con fondos públicos, especialmente de países de economías menos corporativistas y no competitivas, que creían en su promesa de poner al servicio del mundo sus investigaciones, y con fondos de personas anónimas que creían también en lo que hacía. A medida que iba publicando sus resultados las contribuciones fueron aumentando y con los años dispuso de los medios suficientes para sentar las bases de la bio-robótica. Como prometió las hizo públicas, pero antes las remitió a esos países que la habían financiado poniéndoles en la punta de lanza del mundo de la bio-robótica y dando un espaldarazo a esas economías en el que el valor no era el dinero si no las personas. Por un tiempo cambió el orden del mundo pero finalmente las corporaciones terminaron fagocitando y explotando sus investigaciones y la codicia acabó de nuevo con el sueño de un mundo mas justo. Ese fue su mayor legado, su sueño de un mundo mas igualitario, su demostración de que otro mundo era posible, por eso permaneció silenciada durante prácticamente toda su vida por las corporaciones de comunicación, dependientes de las grandes corporaciones industriales y económicas,  que veían peligrar sus intereses si sus ideas sobre el mundo transcendían y cogían popularidad.
Me quedé pensando acerca de todo lo que había hecho una sola persona y lo intrascendente que era mi existencia para el mundo. Yo no tendría un legado, tan solo sería una historia más que se olvidaría tal vez incluso antes de que terminara mi paso por la vida.
Tomé dos decisiones; la primera hablar con un amigo ingeniero bio-robótico para saber más, saciar en la medida de lo posible mi curiosidad y tratar de hallar la respuesta a algunas cuestiones que tras la lectura me rondaban por la cabeza. La segunda, y no sabía como iba a hacerlo, investigar las circunstancias de la muerta de la doctora, los medios transmitían una muerte natural pero lo acaecido en aquella ciudad que ahora me parecía lejana me hacía pensar que pudiera haber más y que la muerte podía tener alguna relación con el Ciberbog.
Renovado y decidido con un objetivo en esta vida a punto estuve de llamar a mi amigo ingeniero desde de mi vid, sin embargo, esta cabeza mía, que a veces funciona mas allá de lo que puedo controlar, optó por visitarle en persona. La muerte de la doctora había despertado de nuevo mi paranoico sentimiento de inseguridad. Llamarlo podría ser un error porque podrían localizarme a través de la llamada, el vid de comunicaciones solo debía usarlo con mi identidad de incognito. Y aun así… mi vivienda constaba en cualquier archivo, tal vez debiera buscar otro sitio donde albergarme. Haber cogido un vuelo anterior probablemente me había dado el tiempo suficiente para que no me hubieran buscado todavía aquí porque con toda probabilidad pensaran que no había salido aun de la ciudad.

Sentía el calor de la pelotita naranja saltando entre mis manos. Que bella era, que bella es.

viernes, 6 de mayo de 2016

Casicuentos para Rita: Ciberbog VIII - Cielos grises

La cola avanzaba con rapidez, la azafata pedía y escaneaba las tarjetas de embarque y apenas se molestaba en comprobar la documentación. Sería fácil. Delante de mío se encontraba una familia, la mujer llevaba una falda gris corta con vuelo como con volantes. La misma falda que ella llevaba aquél día en el que subimos a un monte cercano para contemplar la ciudad, siempre la veía preciosa pero aquel día me parecía la mujer mas guapa del mundo, sin duda para mi lo era, lo sigue siendo. Ambas mujeres no se parecían en nada pero no podía dejar de mirarla, tanto me recordaba a ella. Así llegué a la puerta de embarque, dejé caer mi pelotita naranja para que rodara hasta donde se encontraba uno de los hijos de la mujer que ya había pasado el control. Le puse una amplia sonrisa a la azafata y le entregue mi vid con el billete y la documentación falsa y salí corriendo a por mi pelota y jugué por un instante con el niño. La escena debió entretenerla lo suficiente como para no prestar demasiada atención y cuando volví a por mi vid me franquearon el paso sin ningún impedimento. Le puse la mejor de mis sonrisas y recorrí a grandes pasos los pasillos hasta el avión.
Me senté en  mi asiento y cuando por fin el avión se puso en movimiento me quedé relajado y me dormí. En mi vida son pocas las veces que me acordaba de mis sueños pero desde que dejamos de vernos cada vez eran mas los días en que los recordaba. Me desperté agitado, por segunda vez en los últimos meses había soñado que estaba en una pradera enfrente del mar, sentado en una manta de cuadros junto a ella, erámos felices pero un hombre aparecía a lo lejos en la curva de un camino que subía hacia el monte. Ella lo vio y se levantó para ir en su busca. El no la esperó y siguió ascendiendo por el camino hacia a la cumbre y ella lo siguió y los perdí de vista. Me quedé solo frente al mar y las lágrimas llenaban mis ojos.
Llegaba por fin a mi ciudad, me encontraba seguro y a salvo. La corporación a la que pertenecían las instalaciones había quedado atrás. También quedaba atrás el Ciberbog. Me invadió un sentimiento de culpa por haberle dejado solo, por no haberle ido a buscar y saber lo que había sido de él. Sentí en ese momento que había abandonado a un amigo. El miedo me había llevado a pensar solo en mi mismo, en mi propia supervivencia y me había olvidado de todo, incluso de los amigos. Se que fue una actuación egoísta y quiero pensar que no hubiera actuado así con mis amigos de toda la vida, con los que me unían tantas y tantas cosas desde hace tantos años. pero con el Ciberbog me unía algo tan profundo que, a pesar de lo limitado de los momentos que pasamos juntos y la relación que tuvimos, me acompañaría el resto de mis días. Le había abandonado, tarde para evitarlo, espero que no demasiado tarde para ponerle remedio. Desembarqué del avión decidido a como mínimo investigar que había sucedido con él, asumiendo que tal vez fuera un camino peligroso.

Mi ciudad me recibió con sus cielos grises y con sus grises suelos humedecidos por las gotas de una lluvia fina. Estaba en casa, pero mi hogar siempre estaría donde ella estuviera. Por eso fui aquella ciudad, para ver lo que ella vio, para seguir sus pasos, para encontrarme con su fragancia, para sentir que de alguna manera seguíamos unidos, cerca. El viaje no acabó como esperaba pero encontré allí mucho mas de lo que buscaba. Su huella era mucho mas profunda de lo que habría podido imaginarme. El magnebus se desplazaba silencioso entre las verdes montes arbolados, la pelotita naranja acudió de nuevo a mis manos.

jueves, 5 de mayo de 2016

Casicuentos para Rita: Ciberbog VII - Huir

Pasaron primeros las horas como si fueran minutos, faltaba menos de una para que partiera mi vuelo y aún tenía que pasar los estrictos controles de seguridad y no había encontrado solución alguna para hacerlo con mi identidad de incognito.  Me puse en la larga cola sin ninguna esperanza pero si me demoraba mas perdería el vuelo.
Saqué mi vid de comunicaciones, durante el tiempo de espera había diseñado mi propia documentación falsa. En la pantalla quedaba estupenda pero ni tenía donde imprimirla y, aunque lo hubiera tenido, en papel no hubiera sido lo mismo y desde luego no hubiera resistido el escáner policial y mucho menos la comparativa con el escáner de retina y de huellas digitales.
Me acercaba al primer torno, en ese solo debía pasar el código de mi billete, no habría problemas para pasarlo. Pero mas adelante me pedirían el billete y la documentación juntas y hasta ahí llegaría mi viaje.
Un segundo antes de pasar mi billete por el torno lo cambié y puse en la pantalla de mi vid el que tenía para mañana con mi identidad real. Sabía que inmediatamente me localizarían pero la desesperación me hizo pensar que estando el aeropuerto muy alejado de la ciudad tal vez no reaccionan con tiempo suficiente y me diera tiempo a coger el vuelo y huir de allí definitivamente. Mi idea era pasar el control de seguridad de manera “legal” y sin embargo dirigirme luego a mi vuelo de incógnito. El torno giró y pasé sin problemas para ponerme en una nueva cola que daba acceso al mencionado control. Los nervios me estaban consumiendo.
Llegué al control policial en el que me pidieron billete, documentación y me hicieron el pertinente escáner de retina y huellas digitales. Me preguntaron mil veces como es que venía prácticamente 12 horas antes de que partiera mi vuelo y mis respuestas se ciñeron siempre a la primera respuesta improvisada que se me ocurrió. Como el vuelo era pronto a la mañana, el desplazamiento desde la ciudad largo y, a cierta hora, abarrotado de gente me pareció mas cómodo desplazarme con tiempo y esperar aquí el vuelo, a lo cual añadí, buscando de alguna manera la complicidad del agente, que así me ahorraba una noche del apartamento ya que mi situación económica distaba de ser boyante. Ya sea que tengo cara de bueno o a el aspecto que tenía que tener debido a un día largo lleno de tensiones o ambas cosas, conseguí el efecto deseado y el agente dejó de preguntarme y me terminó confesando que con el salario de mierda que tenía él apenas le llegaba para llegar a fin de mes y que en alguna ocasión había incluso dormido en el aeropuerto para ahorrase el desplazamiento a la ciudad. Me franqueó el paso y me despedí de el con una sonrisa y un gesto amable. Aliviado como estaba, dediqué unos instantes de mi pensamiento a reflexionar a cerca de cómo habíamos llegado a aquella situación en la que incluso personas trabajadoras se enfrentaban a situaciones de pobreza. Las corporaciones maximizaban sus beneficios mientras pagaban salarios de miseria que apenas llegaban para los gastos básicos. Los gobiernos mientras tanto les hacían el caldo gordo aprobando leyes que permitían a las corporaciones hacer prácticamente cualquier cosa con las personas trabajadoras y todo en aras de salir de una crisis económica que hacía años que nos acompañaba. En realidad en mis años de vida, que por desgracia ya van siendo unos cuantos, casi siempre hemos estado en crisis pero los ricos cada vez son mas ricos y los pobres cada vez mas pobres. Han pasado miles de años de historia y muchos sistemas políticos diferentes pero en todos ha habido pobres y ricos y los últimos siempre han estado sometidos a los primeros. Si tenemos mas libertades, aunque hasta esas se están reduciendo, pero seguimos siendo sus esclavos de alguna manera.
Avancé por la terminal y cogí el tren interno en el que había que desplazarse a la terminal internacional. Observé con cierta envidia a las personas que esperaban el tren que llevaba a la terminal de transbordo al espaciopuerto. Desde que era niño había soñado con viajar por el espacio y visitar esos maravillosos planetas que nos presentaban en los vid del centro educativo infantil. No había civilizaciones desconocidas como imaginaba en mis ensoñaciones infantiles, tan solo centros turísticos para ricos. Si algún día viajaba allí sería para trabajar, otra cosa no podía permitirme, pero no descartaba hacerlo. Las estrellas, el espacio y seguramente la posibilidad de conocer otros mundos, de crear otros mundos mejores en un planeta alejado de esté habían estado desde siempre en mis sueños.

Llegué a mi terminal, no a la de mi billete con la identidad real, si no al de la identidad de inóognito. Una azafata franqueaba la entrada y solicitaba billete y documentación. No era un miembro de seguridad y se me antojaba que sería sencillo montarme en el avión aunque de nuevo no tenía una idea clara de como hacerlo, me había puesto a pensar en lo importante y había dejado de hacer lo urgente. De nuevo sin un plan me situé en la cola y de nuevo la pelotita naranja apareció en mis manos.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Casicuentos para Rita: Ciberbog VI - Controlados

Soy miedoso y timorato y con tendencia a la paranoia, pero creo que en justicia la situación era para estar nervioso y así se demostró con posterioridad. Tenía el vuelo para el día siguiente y todas mis cosas en el apartamento, aunque lo realmente importante lo llevaba conmigo. Comprobé todos mis bolsillos para asegurarme de tener la documentación y créditos y hurgué hasta el fondo en el de mi pantalón hasta encontrar la pelotita naranja. Podía prescindir del resto de cosas que guardaba en el apartamento. Tal vez debería haber entrado y enfrentarme a lo que me encontrara, al fin y al cabo yo no había hecho nada, pero la intuición me decía que no lo hiciera. Volví sobre mis pasos y entré en un bar, pedí una bebida relajante y seguí dándole vueltas a la cabeza sobre lo qué hacer en aquella situación.
La primera conclusión a la que llegué es que no debería coger mi vuelo, sin duda me estarían esperando. Podía reservar otro pero hacerlo a través del vid de comunicaciones sería un error porque probablemente lo rastrearían. La idea del vid me hizo saltar de la silla y lo saqué inmediatamente para comprobar que tenía desactivada la geolocalización y accedí con mi segunda cuentacom para que tampoco pudieran rastrearme por el uso de datos. Era una suerte tener esa cuenta, hoy en día era prácticamente imposible crearse una segunda cuentacom que no estuviera vinculada a tus datos reales pero esa cuenta era antigua, de cuando los sistemas de seguridad, vigilancia y control eran menos férreos. Tan solo había tenido que ir inventando una segunda personalidad para mantenerla abierta. Ahora vivíamos en una sociedad obsesionada por la seguridad en la que cada movimiento de los ciudadanos y ciudadanas estaba totalmente controlado. A mi entender era tan solo eso, una forma de control y una manera de generar miedo, las personas con miedo somos mas dóciles y nos preocupamos menos de otras cosas, dejando el campo abierto a los que ostentan el poder político supuestamente en nuestro nombre y el poder económico en el suyo propio.
Aun teniendo esa cuenta no podría reservar el billete desde ella porque los datos de mi cuenta de créditos si que estaban vinculados a mis datos reales. Hubiera sido un verdadero atolladero de no encontrarme en aquella ciudad en concreto que, por tradición y por sostener una economía mas sólida que la mayoría, contaba con un papel moneda de uso exclusivo en ella. Soy persona prevenida y  de pocos vicios y en mi cartera conservaba prácticamente todo el dinero del que me había provisto antes del viaje. Tal vez eso me permitiera mantenerme unos días e incluso viajar de nuevo a mi ciudad, solo había que planificar como hacerlo.

Tomé una decisión, si me esperaban en el aeropuerto al día siguiente, lo mejor sería adelantarse, así que salí precipitadamente del bar y me metí directamente en el Tubo. Llegué a una terminal atestada de gente. Mientras viajaba hacia allí había investigado a través del vid y había un vuelo que partía en cuatro horas hacia mi destino. Me dirigí a la oficina de la compañía que lo operaba y, excusando haber perdido mi vid de comunicaciones –a través del cual también se gestionaba el crédito-, compré un billete con papel moneda usando mi segunda identidad. Solo con el billete en la mano me percaté de que no podría pasar el control de seguridad, mi segunda identidad unicamente era virtual y no tenía ninguna documentación que la sustentara. Me parecía imposible dar con una solución pero tenía unas horas por delante para intentar encontrarla. La pelotita naranja jugaba entre mis dedos.