miércoles, 21 de octubre de 2015

Microcuentos para Rita: acidez

Las últimas gotas de zumo goteaban por la boca del exprimidor. De la media naranja solo quedaba una cascara amarga completamente vacía de pulpa. Levantó la tapa del cubo y la tiró. 
Hundiéndose en la basura solo podía anhelar volver a sentir el calor y la suavidad de aquellas manos.

martes, 20 de octubre de 2015

Casicuentos de adultos para Rita: juego de palabras

Y el rojo se volvió azul y las palabras grises. El mundo volvió a ser el de siempre pero yo nunca volvería a ser el mismo. ¿Por qué? La respuesta no es sencilla y en cierta manera ni tan siquiera la tengo. Creo que tiene que ver con la lluvia, con esa lluvia que ha dejado de mojarme, con esa lluvia que ya no me vacía para con el tiempo devolverme al mundo de los vivos. Con la lluvia y con un mar que ya no me consuela. Un mar que sigue siendo bello, intenso, indómito, profundo, frío… el mar tal y como lo la amaba hasta que lo contemplé tantas veces en días de sol y sonrisas.

Un rostro amable vestido casi siempre con una sonrisa, una capa de roca y hielo más adentro y un núcleo de magma hirviendo. Volcanes que explotan en erupciones incontrolables llevándose por delante a cualquiera que encuentran a su paso. Y unas manos que vuelven a plantar una y otra vez los bosques arrasados, que intentan reconstruir todo lo que destruyen, que intentan devolver la vida arando la tierra con las uñas. Pero nunca es suficiente, las manos se destrozan y apenas consiguen nada. Un brote verde que al día siguiente ha destruido un tormenta de granizo.

¿Y qué más da todo? Tal vez mañana no esté aquí para verlo. Tal vez mañana esté detrás de la cara oculta de la luna jugando con los selenitas a juegos espaciales inimaginables. ¿Y que más da mi presencia, la de cualquiera en el mundo? La vía láctea y Andrómeda están destinadas a fusionarse en un beso que se producirá dentro de varios eones pero son tan inmensas que sus estrellas y sus planetas es más que probable que nunca lleguen a rozarse. Y en nuestro tiempo, en el mío, ni tan siquiera llegaremos a percibir el movimiento de las montañas. Tan pequeños somos, tan prescindibles y tan incapaces de tener influencia. Y sin embargo las cosas existen en cuanto somos pero si no fuéramos seguirían existiendo, existirán cuando ya no seamos.

Ni tan siquiera algo tan inmenso como el mar, algo tan importante para la vida como la lluvia es trascendente en la vida del universo. Una excepción finita que no altera nada. Pero hay excepciones que lo alteran todo, nuestra comprensión del mundo y de la vida. Y así estoy yo, una excepción, algo único e irrepetible, me ha transformado aunque el mundo, el universo, seguirán siendo los de siempre. El rojo se volvió azul y las palabras grises. Y del juego solo quedan las palabras.

viernes, 16 de octubre de 2015

Cartas que nunca voy a enviarte….

El día amaneció frio, tal vez debiera haberlo visto como una señal, pero solo me fijé en el sol. Estuve toda la mañana bastante animado y con una sonrisa en la cara aunque tenía un nudito en el estómago y estaba algo nervioso. A partir del mediodía no para de mirar la hora, soy muy puntual siempre pero no quería llegar ni un segundo tarde. Por supuesto llegué antes de la hora y me di un paseíto por el pueblo. Las zapaterías ya no tenían sandalias, no había mucho que mirar, tal vez botitas. Y antes de la hora estaba en mi sitio, a sabiendas de que aunque quisieras tu no podrías llegar hasta un rato más tarde. Lo creas o no pensaba que después de mucho tiempo sería el día. Una vez más me equivoqué, todos nos equivocamos pero ya sabes que yo tengo una especial habilidad.
Pedí una cocacola y un pincho que fui comiendo tranquilamente. La verdad es que los nervios casi habían pasado, tal vez algún resto de ansiedad pero estaba muchísimo mas cómodo y tranquilo de como me había imaginado el momento. Cuando terminé pedí un café con leche y salí a la terraza hasta que diera la hora, con la temperatura que hacía estaba estupendamente.
Llego la hora, ¿pero que sentido tenía marchar? Podía esperar, tal vez algo te hubiera retrasado. Saqué un cigarro del bolsillo a modo de reloj, para marchar al terminarlo. Ojala no lo hubiera hecho. No debería fumar pero esa no es la cuestión. Si mi hubiera levantado a mi hora tal vez nos hubiéramos visto. Porque yo te ví desde la terraza, te vi cuando terminaste de cruzar el semáforo dónde empieza la cuesta abajo. Si me hubiera marchado a mi hora nos hubiéramos cruzado en la plaza y tal vez eso es lo que querías que sucediera. Soy puntual para llegar pero si no tengo otra cosa soy impuntual para marchar y había reservado la tarde para ti.
Supongo que hay un alto porcentaje de posibilidades de que no fueras tu, al fin y al cabo estaba muy lejos y con la mampara de la terraza de por medio. Además nuestro cerebro a veces interpreta las cosas como le da la gana y se podría decir que vemos lo que queremos ver. Tal vez no fueras tu, tal vez fuera solo una persona de tu misma complexión y con la misma ropa. El peinado era el mismo que la última vez que te vi pero quién sabe tal vez no fueras. De eso no podré estar nunca seguro. Si hubieras sido cualquier otra persona lo estaría pero con las ganas que tenía de verte, de que vinieras pues ni tan siquiera puedo confiar en mis ojos y mucho menos en mi cerebro.
En un primer momento no reaccione. Solo pensé mierda… tenía que haberme ido a mi hora. Pensé en salir corriendo detrás pero no era eso lo que quería, no era así como lo quería. Me levante y me di otra vuelta por el pueblo e inmediatamente pensé que tal vez era así como lo quisieras tú, encontrarnos como por casualidad, que tu no lo buscabas. Vete a saber, tal vez fuera así, no siempre he conseguido entenderte, y, como te decía, ni tan siquiera estoy seguro de que fueras tú.
Mi hombre tal vez ya se ha rendido, sabe lo que ha pasado y dónde van a llegar las cosas. Mi niño sigue soplando, imaginando, queriendo que sucedan otras diferentes. El día que deje de imaginar dejaré de soplar pero de momento la ilusión de un niño está pudiendo con el escepticismo del hombre. Solo así se construyen los sueños.


jueves, 15 de octubre de 2015

Microcuentos para Rita: en la entrada a casa

La bisagra estaba oxidada y chirriaba recordándole al abrir la puerta que tenía que cambiarla. El nuevo gozne encajó perfectamente, brillaba y era completamente silencioso. Por alguna extraña razón ahora echaba de menos el chirrido que antes tanto le molestaba y al pasar por debajo de aquel dintel su casa y el mundo eran diferentes.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Microcuentos para Rita: un día de viento

La servilleta de papel se mecía en el aire negándose a caer al suelo. El hombre la miraba sabiendo cual era su destino, el niño en cambio la imaginaba volando por el cielo. El hombre esperaba, el niño soplaba.

martes, 13 de octubre de 2015

Cartas que nunca voy a enviarte…

Un día te conté que entré en un Bertiz cerca de mi trabajo a tomar un café con una compañera y que sirviendo había una chica con una sonrisa que me recordaba tremendamente a la tuya. No se si lo recordarás o no pero yo lo sigo teniendo en la memoria. Y lo sigo teniendo porque en la época que decidiste dejar de hablarme, de vez en cuando, me pasaba por allí para ver esa sonrisa. Echaba y echo muchísimo de menos tu sonrisa. Ya sabes que en estos sitios trabajan a turnos y no siempre que iba podía verla y desde que he vuelto de vacaciones, aunque he vuelto a ir algún día, no ha estado nunca, supongo que ya no trabajará allí. No tiene mas importancia pero ver esa sonrisa me consolaba en cierta manera.
Tu sonrisa fue lo primero que vi de ti y, sobre todo al principio, pensaba que era lo que hizo que me enamorara. El tiempo me ha hecho darme cuenta de que la sonrisa era importante no en si misma si no por lo que significaba, por lo que salía de tu interior cuando sonreías y sobre todo por como me hacía sentir. No se si te lo he dicho alguna vez, casi seguro que si, pero cuando quedábamos y al verme sonreías me derretía por dentro y me invadía un sentimiento de felicidad. No necesitaba nada mas, el mundo desaparecía y solo podía mirarte.
Pero no me enamoré de esa sonrisa, una sonrisa es demasiado poco para todo lo que sentía y sigo sintiendo. A veces te veía como una persona insegura y desprotegida y me moría de ganas de abrazarte. Todos nos sentimos así a veces, pero no nos mostramos, nos escondemos y nos hacemos los duros o las duras. No nos gusta enseñar la debilidad, pero que me le enseñaras significaba mucho para mi. Otra veces te veía como una mujer dura con las ideas claras, parece incongruente pero son las dos caras de la misma moneda, y en esos momentos te admiraba y admiraba tu determinación especialmente porque sabía también de tus debilidades y cuantas barreras personales tenías que superar para llevar adelante esas ideas. Se también cuantas cosas sacrificaste a veces innecesariamente. También me enamoraba esa mirada perdida que me desconcertaba, te veía ausente del mundo, como una bella diosa a la que pasa su alrededor le da igual. Creo que a veces simplemente no pensabas en nada otras sin embargo creo que estabas sumida en pensamientos personales y hubiera dado casi todo por conocerlos. Hubiera dado todo por estar en ellos.
Si, te veía y te sigo viendo bella. Muy bella. Se que no me crees pero te veo como una mujer físicamente espectacular y se que no soy el único. Me hacía sonreír como te miraban los tíos cuando íbamos juntos. Se que a ti no te gustaba y que tampoco te lo crees pero a mi me salía ese sentimiento de chulería y pensaba está conmigo morios de envidia. Pero ese envoltorio que llevas, esa belleza exterior te nace de dentro. Se que ves mas tus defectos en ese sentido que tus virtudes pero eres una mujer muy bella.
Cuando te veía sentada poniéndote el calzado en la alfombra de la entrada de mi casa me quedaba embobado mirándote. Concentrada en que tus cordones midieran exactamente lo mismo. No se, supongo también que también significaba que te marchabas y eso siempre me ha producido un sentimiento de vacío. Nunca era tiempo suficiente. Y cuanto mas estábamos mas corto se me hacía. La semana que viene va hacer un año de aquellos días maravillosos que pasamos juntos, ojalá hubieran sido mas largos, ojalá hubieran sido eternos.
Pero la eternidad no existe para los mortales y has decidido llevar el escaso tiempo de una vida por senderos que no vuelvan a cruzarse con los míos. Los míos siguen intentando cruzarse con los tuyos. Tú lo sabes soy también un ser tremendamente inseguro y que siempre dudo, dudo tanto que a veces se pasa el tiempo de dudar y los acontecimientos me superan. Contigo intenté que fuera diferente, me equivoqué, en el equilibrio está la virtud seguramente pero me hiciste superar mis límites, salí de mi zona de confort y llegue a lugares de mi mismo a los que nunca había llegado. Y lo hice porque te quería, porque te amo como nunca he amado a nadie.  
Hoy, y cada día, recuerdo tu sonrisa y sueño con volver a sentirla. Porque tu sonrisa no es una imagen es uno de mis más profundos sentimientos. Forma parte de mi, de lo que soy y de lo que seré y de esa manera vivirá en mi para siempre. Eskerrik asko.


viernes, 9 de octubre de 2015

Cartas que nunca voy a enviarte..

Desde hace casi un año me despierto todas las noches de madrugada, me levanto y, a oscuras, me fumo un cigarro en la cocina. Ya se que debería dejar de fumar y el primero que debería quitarme es ese pitillo nocturno pero es un tiempo para mi, para pensar en ti, para pensar en todo lo que hemos vivido juntos, aunque tal vez debería hablar ya en pasado. No es que no piense en ti durante el día, lo sigo haciendo demasiado, estás presente en mis pensamientos casi siempre porque hay demasiadas cosas que vínculo a ti. Pero en la noche todo es diferente. En la noche suelo pensar en qué signifique para ti, en qué significaba cada cosa que hacías, no lo que significaba para mi, pienso en porque las hacías y que sentimientos había detrás de ellas.
Mil respuestas para mil cosas diferentes, en muchas ocasiones muchas respuestas para la misma cosa. Creo que nunca llegué a entenderte y la verdad nunca me dijiste lo suficiente como para poder hacerlo. Guardo algunas de tus frases en el recuerdo, la más bonitas y las mas duras, las que más significado parece que guardan pero no son suficientes. Te pregunté muchas veces lo que sentías por mí y nunca me lo dijiste. Se que piensas que debería deducirlo de las cosas que hacías pero algunas eran a mis ojos tan tremendamente contradictorias que me era imposible interpretarlas. Tal vez, tal vez… realmente eran la expresión de eso que me dijiste mas de una vez “no se lo que siento”, tal vez, tal vez estabas tan liada, tal vez tenías unos sentimientos tan encontrados que ni tu misma sabías lo que querías. En cierta manera yo estuve así también. En mi caso tenía y tengo mas que claro lo que sentía y lo que siento, mi lio, mi gran lío era lo que eso significaba en mi vida y que tenía que hacer con ella. En ese sentido aún sigo dudando.
No te engaño, mil veces he pensado que era uno más pero son infinitas las que he pensado que era único. En el último mes, no se si en broma o en serio –o tal vez ambas cosas-, dijiste mas de una vez que ibas a salir mas y que tenías intención de pillar pero que conmigo no lo harías nunca. No te creas que no veo todo lo bueno que encierra esa frase pero no dudes ni por un instante que veo también todo lo malo. En broma o en serio tiene su significado, el que sea, pero lo tiene. Pensar que he podido ser uno más no debería dolerme, bastante que te he tenido pero con lo que yo siento por ti me produce una inmensa tristeza. Aun así no creo que esto haya sido así, hay demasiadas cosas que contraponer aunque si piensas en todo lo que me has contado también hay muchos relatos que no lo hacen del todo increíble. Pero todo esto da igual, en cada calada del cigarro el pensamiento recurrente es que ya no te tengo, que pasara lo que pasara, que sintieras lo que sintieras te he perdido. El cerebro humano es maravilloso, es increíble la de imágenes y recuerdos que guarda, es increíble la velocidad a las que las procesa a la vez que genera pensamientos. En esos diez minutos que me dura la liturgia del cigarro es como si el segundero se parara y en un minuto cupieran horas. Curiosamente cuando estaba contigo o charlaba contigo las horas volaban como segundos.
Esta noche he pensado mucho en como acabaste con todo. Cerrando la puerta de un portazo y sin querer mirar atrás. Cuantos sentimientos encierra eso, que único me sentiría, que especial. Para poder cabrearte tanto tenías que quererme mucho. Lástima que me hubieras contado que terminaste alguna de tus relaciones de amistad de la misma manera. Ni tan siquiera en tu final me puedo sentir único para ti.
Como otras muchas veces empiezo a escribir queriendo decir algo y termino diciendo de todo menos lo que tenía pensado. Supongo que la escritura me lleva a dónde le da la gana. Lo que tengo claro es que en cada palabra que escribo lo que quiero expresar es que te quería y te sigo queriendo. 


martes, 6 de octubre de 2015

Cartas que nunca voy a enviarte.

No se porque tuve miedo, pero lo tuve. Y tal vez escogí el peor momento. Hay cosas que no se eligen, que llegan sin más y  son prácticamente incontrolables. No fui capaz de serenarme, de tomar aire y respirar, lo cierto es que no hubo prácticamente tiempo. No lo hubo porque aunque quería ir a buscarte te encontré por sorpresa. Así es la vida.
Se que lo hice mal aunque a estas alturas creo que ya no tengo una manera de hacerlo bien. Para mi desazón ya no está al alcance de mi mano hacerlo bien, en las tuyas si estaría si quisieras. Me gustaban tus manos, me gustaban en si mismas pero para tocarlas con las mías y poder sentirlas no tengo palabras. Hubiera podido pasarme horas jugando con tus dedos sin decir una palabra.
Pienso en ayer y los sentimientos se me acumulan. Por un instante se me puso una sonrisa en la cara y de repente ese maldito miedo la congeló. Felicidad y tristeza a partes iguales. Recuerdos y mas recuerdos. Y tu ni tan siquiera me vistes. Todo paso en unos segundos pero el tiempo se paralizó para mi y pude ver cada detalle. Cada detalle menos tu rostro. Tan solo lo vi ya estando lejos. Me hubiera encantado verlo, me hubiera encantado que por lo menos me vieras. Pero el miedo hizo que no me quisiera cruzarme en tu camino.
Supongo que ni me hubieras hablado, ni un saludo, ni una mirada. Ya lo hemos hablado mas veces, es mejor arrepentirse de lo que has hecho que pensar toda la vida que hubiera pasado. Pero pasó el miedo y queda la pregunta.
Pensaré cuál es la mejor manera de volver a intentarlo. Pensaré en ella, en realidad ya tengo una idea. Una idea que nace en caliente y que es mejor dejar de enfriar para poder analizarla en su justa medida. Pero tengo claro que volveré a intentarlo. Volveré a buscar tu sonrisa, para despedirme, para odiarme, para volver a quererme… para aquello que guardes en tu corazón para mi. En ese corazón que, como tú, es tierno por dentro y roca por fuera.
Tú lo sabes, no me enamoró tu cuerpo, me enamoró tu alma. Esa alma que podía ver, sentir y tocar en cada palabra, en cada sonrisa, en cada beso, en cada abrazo… La vida, esa vida odiosamente finita y limitada, es más triste sin poder sentir todas esas cosas. Será la crisis de los cuarenta pero ahora siento que contigo llegue al punto álgido de mi vida y que sin ti ya pocas cosas tienen sentido. La vida son dos días y en uno siempre llueve. Me gusta la lluvia, el agua es vida, el sol y el calor la hacen posible y esplendorosa. Lluvia y sol, casi antagónicos y sin embargo se necesitan para crear vida, para crear belleza.

Que llueva hoy, lloverá hasta que vuelva a verte, tal vez la vida renazca con un frío sol de invierno.

martes, 29 de septiembre de 2015

Casi cuentos para Rita: Mari. Él.

Cuenta una leyenda que en el país de los vascos existe una dama de larga cabellera rubia que peina al sol con un peine de oro. Cuenta también que depende en cuál de sus moradas se encuentre lloverá, hará sol o las cosechas serán abundantes, tiene el dominio del clima y del interior de la tierra. Dicen que cada siete años se cambia de morada y que cuando cambia se le puede ver surcar el cielo en un carro de fuego. De ella vienen los bienes de la tierra y el agua de los manantiales. Puede enamorar a cualquier hombre o tratarlo de forma tiránica, pero siempre para impartir justicia. Mari o Maddi, la dama de Amboto, la que presagia las tormentas.

¿Quién no puede enamorase de Mari al verla sentada en un río con los pies en el agua, con la mira perdida, peinándose los cabellos? Cualquier hombre, cualquier mujer, lo haría. Y él también se enamoró, como solo los niños se enamoran, como solo un corazón limpió puede enamorarse, como solo se enamoran en los cuentos.
Era un hombre normal, un hombre gris, un hombre del que nunca hablaran las leyendas ni los libros de historia. Un hombre que, como la mayoría, pasaba desapercibido para el mundo y para los seres que lo habitaban. Pero él amaba la tierra y sus seres y siempre les sonreía y con su sonrisa quería decirles que si querían encontrarían en el a un amigo, a alguien con quién hablar, con quién reír, alguien al que acudir cuando quisieran, en momentos tristes o momentos alegres. Pensaba que era un rostro amable pero no lo era, no lo era porque por dentro era un ser tímido e indefenso y por fuera aparentaba ser otra cosa, tal vez aparentara ser una persona orgullosa, una persona que estaba de vuelta de todo, a veces borde y a veces por encima del bien y del mal. Era, tal vez ya no lo sea tanto, un hombre muy bueno, pero ser demasiado bueno o te hace parecer tonto o nadie es capaz de llegar a creérselo. Si no me equivoco a él le pasaban ambas cosas.
Pero Mari le miró, le miro con esa mirada de reojo, con esa mirada entre la desconfianza y la diversión y le mostro la mas cálida y maravillosa de las sonrisas. ¿Cómo no iba a enamorarse? ¿Cómo no iba a enamorarse cualquiera?
Mari era un ser poderoso y bello y el hombre anhela el poder y la belleza. Por eso Mari no podía confiar en nadie, los hombres querían lo que ella poseía no lo que ella era. Un ser poderoso que estaba lleno de miedos, un ser al que la vida le había pagado con injusticia su bondad, su amor con indiferencia, su justicia con desprecio convirtiéndolo en un ser inseguro y en parte atormentado por no poder hacer felices a las personas que más amaba. Un ser del que todos querían su poder sin devolver nada a cambio. Un ser tan bello y maravilloso al que el espejo devolvía una imagen distorsionada de si misma. El espejo del dolor de cómo la había tratado el mundo y las personas que lo habitaban. Su mundo, el mundo de Mari, tenía tantos días grises como azules por eso cambiaba de morada, para encontrarse mas a gusto según sus sentimientos, por eso al cambiarse de morada cambiaba también el tiempo.
Y él la miró, la miró por dentro, la desnudo con su mirada. Con la mirada tierna de unos ojos brillantes y comprensivos. ¿Cómo no iba a enamorarse de él? Cualquier persona lo haría.

Pero hay historias, hay cuentos que no quieren tener finales felices. Y este no quiso no tenerlo. Es difícil saber cuáles fueron las razones, y aun sabiéndolas sería difícil comprenderlas y aun comprendiéndolas sería difícil aceptarlas. Pero incluso los cuentos que no quieren tener finales felices no terminan hasta que dejan de escribirse. Y él sigue escribiendo y soñando que ella también lo hace.


Mari, la que presagia las tormentas Él, el que ama cada gota de lluvia.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Casi cuentos de adultos para Rita: de los cuentos que no quieren tener finales felices

Casi todos pensamos que los cuentos tendrán finales felices. Los personajes pueden estar viviendo mil penurias y sufriendo pero avanzamos en las líneas pensado que al final todo se resolverá y el desenlace será tan emocionante como feliz. Así son la mayoría de los cuentos.
Cuando me pongo a escribir un cuento normalmente no tengo más que un título o cuatro palabras que juntas me han sonado bien. Pocas veces tengo una idea clara, ni tan siquiera una idea, y prácticamente nunca tengo decidido el final. Simplemente escribo y la historia avanza por donde le da la gana.  Y es que las historias y los finales se van escribiendo solos y, como en la vida, los protagonistas son los que, con sus decisiones, arrastran los finales hacia un lado u otro. Pero hay historias, hay cuentos, que no quieren tener finales felices incluso aunque sus personajes lo deseen. Hay historias, hay cuentos, que no quieren tener finales felices aunque él o la que lo escriba haya imaginado el mejor de los finales.  Porque hay historias, hay cuentos, que son tan tremendamente complicados, en los que hay tantos personajes involucrados,  que solo uno de los miles finales posibles puede ser feliz para todos y todas. Y ese final suele ser el menos probable de los posibles porque, en ocasiones, el camino que nos llevaría a él parece el más incierto, el más arriesgado y el que menos posibilidades tiene de traernos la felicidad. A veces simplemente los cuentos no quieren tener finales felices.

Os debo un cuento sin final feliz no me apetece escribirlo ahora. Hoy he escrito un último punto de una historia que ha acabado mal. Hoy solo puedo desear que ese punto no sea un punto final. Los cuentos, las historias, incluso las que tienen finales felices están siempre inacabadas porque la vida sigue a partir del punto donde terminan.