lunes, 13 de julio de 2015

Ilunetan (Zea Mays)

Euriak itoa, etxean ezkutu-gordeka, uholdea oroipenetan
Itsasoa ahaztu du egunotan

Aterki azpian sortu egin den mikromundua
Beltzez tintatu egin da

Beltzez orduan doaz hitzak, ta beltzez sentimenduak doaz
Ta beltzez ilundu egin zaizkio pausu handiak

Argiaren bila doa, ilunak beldurtzen du ta
baina agian ilunetan, hobeto ikusten da

hezetasun amaigabea, ta haren hezurrek belakiak bezela
xurgatu dituzte ur litroak

Ur beltzez beterik hitzak, ta ur beltzez beterik sentimenduak
Ta ur beltzez bete zaizkio ere birikiak

Argiaren bila doa, ilunak beldurtzen du ta
baina agian ilunetan, hobeto ikusten da
begi biak itxita, arnas sakon hartuta
galdutako erantzunak, berriz aurkitzen dira
hobeto ikusten da, ilunetan

lunes, 29 de junio de 2015

De los colores cuando uno te falta

La especie del sueño que vive escondido en las sombras, que espera una luz que no llegará nunca. Mortecinos momentos eternos de grises colores. Tan grises. Tan grises. De esos colores que existen cuando uno te falta. Y me falta. Me falta. Lo he perdido si es que alguna vez llegué a encontrarlo.

Caminos de alfombras con fosos de espadas, descalzo en la vida o con unas sandalias que extreman el frio del invierno del norte. Con viento y escarcha, con nieve y allí dónde piso una huella de hielo. Tan blanco. Tan blanco. De ese color que solo ves cuando uno te falta. Y me falta. Me falta. Seguiré caminando, buscando.

Una onda invisible se mece en el aire, me atraviesa, me explota, me vacía y me llena. Una onda inconstante de una marea de lunas lejanas, de lunas oscuras, de lunas tan negras. Tan negras. Tan negras. De esos colores que brillan cuando uno te falta. Y me falta. Me falta. Perdido en la noche No encuentro la calma.

Meciendo mi rostro una mano de seda, caricias profundas que paran la vida y cuando no se sienten la vida no es nada. El pálido gesto de unos ojos vacíos de colores malva. Tan malva. Tan malva. De esos colores que mueren cuando uno te falta. Y me falta. Me falta. Descansado en ébano volveré a buscarla.

lunes, 22 de junio de 2015

No, mi cuerpo no es el  de un hombre,
mis brazos no están torneados
y apenas aguantan el peso de mi cuerpo,
mis piernas pueden correr pero ya no eternamente
mi pecho no es fornido, ni mis espaldas anchas.
No estoy bueno, no soy guapo
aunque me esfuerzo en pensar que tengo algo.
No, físicamente no puedo satisfacerte,
no puedo satisfacerte en ningún sentido,
porque no aguanto nada aunque quiera repetir siempre.
No, no puedes sentirte segura a mi lado,
tengo miedo demasiadas veces,
y no siempre me molesto en ocultarlo.
Me cuesta tomar decisiones,
no siempre tengo claro lo que hay que hacer,
no siempre puedo cargar con todo el peso.
No, no soy independiente,
no me gusta afrontar la vida solo.
No, no soy así ni puedo hace nada de eso.

Puedes sentirte a gusto a mi lado,
puedes sentarte a mi lado y que las horas vuelen,
puedo ser agradable, amable e incluso a veces divertido.
Puedes desear que los momentos a mi lado no se acaben.
Puedes crecer a mi lado, superar tus límites,
afrontar tus miedos porque nunca te daré todo hecho.
Puedes vencer tu temor, tu vergüenza,
lo puedes hacer porque yo también los tengo,
tienes que tomar decisiones porque yo nunca me decido,
aunque decidimos siempre.
Puedes sentir mi amor, mi cariño,
puedes disfrutar de cómo los traduzco en tu cuerpo.
Puedes hablar conmigo de tus sentimientos,
puedo contarte los míos porque yo también los tengo.
Puedes compartir tu vida, lo que eres, lo que ocultas
porque siempre estaré para escucharte.
Eso es lo que puedo ofrecerte, inseguridad, miedo,
y demasiados retos.
Eso es lo que puedo ofrecerte, mis oídos, mis palabras,
mi comprensión, mi apoyo, mi compañía.
Mi cariño.
Mi amor.

Si, lo se, podemos ser amigos y lo seremos,
no puedes sentir lo que no sientes,
tu amor -el de nadie-, tu pasión -la de nadie- no está a mi alcance.

miércoles, 17 de junio de 2015

Casi cuentos para Rita: de las bolas de cristal

            Muchos de vosotros y de vosotras ya habréis oído hablar de las bolas de cristal y ya sabréis que son una esfera de cristal más o menos del tamaño de un balón pequeño. Pero lo más importante no es el tamaño, ni la forma, ni de que material estén hechas. Lo más importante es que en ellas hay gente que dice que puede ver el futuro. Si os digo la verdad yo no creo que sea posible pero quién sabe, a veces suceden cosas que no comprendemos y nos resultan mágicas. Y si, ya sabéis que pienso que la magia existe de alguna manera extrañamente incomprensible.
            Un día un niño caminaba a casa de vuelta del cole y se encontró una de esas bolas de cristal. Como es normal la confundió con una canica gigante, la metió a la mochila y se la llevo para casa. ¡como pesaba esa mochila! No sabía como podría jugar con ella pero era muy bonita y le dio por imaginar que pudiera ser una canica de alguno de esos seres gigantes que aparecen en algunos cuentos. Por muy grande que sea uno ¿también pueden jugar no? que a veces nos creemos que los grandes no juegan y la verdad es que la vida sin juego es de lo mas aburrida seas del tamaño que seas.
            Llegó a casa sudando y con dolor de hombros, por lo menos la mochila había aguantado el peso. La sacó, la dio vueltas un par de veces y como no sabía muy bien que hacer con ella la dejó dentro del armario.
            Pasaron los días y ya se había olvidado de ella pero una noche que no podía dormir porque tenía frio, fue a buscar la chaqueta del pijama al armario y se encontró que había una pequeña luz purpura que brillaba dentro. Se asustó mucho y cerró la puerta de golpe, no sabía lo que era aquella luz y muchas veces lo desconocido nos asusta. Cuando se tranquilizo un poco pudo mas la curiosidad que el miedo. ¿Sabéis? La curiosidad es algo maravilloso porque nos hace descubrir miles de cosas que no conocemos, que no sabemos, que si no fuéramos curiosos y curiosas jamás descubriríamos.
            Abrió la puerta despacito y con sigilo. Sea lo que fuera no quería asustarle y mucho menos enfadarle. Miro por la rendijita que había abierto y volvió a ver aquella luz purpura. La estuvo observando un rato y como vio que no se movía abrió la puerta del todo y se acerco a ver lo que era. ¡Era la canica gigante! ¡Y tenía luz! ¡Y que bonita era! Acercó las manos con cuidado y la cogió. Seguía teniendo miedo pero no pasó nada al tocarla. Se la llevo a la cama y se quedó mirándola.
            De repente en aquella canica empezaron a aparecer imágenes. Era alguien que se parecía a él pero era un viejo, por lo menos tenía 40 años y estaba bailando. Estaba bailando junto al mar, en un lugar desconocido y bailaba bajo la lluvia. No estaba solo, junto a él bailaba una mujer también bastante vieja aunque parecía mas joven que él. No se oía la música pero bailaban sin parar.
            Las imágenes del baile desaparecieron y volvió a aparecer el viejo sentado en un muelle con cara triste. Bueno, triste igual no, tenía una de esas caras vacías del que no siente nada, que sin duda son las peores caras. Y miraba al mar, lo miraba como si no estuviera ahí y a la vez como si el mar fuera lo único que existía. Llovía, jarreaba, hacia viento y aunque él iba en manga corta parecía que hacía un frio de narices. Y de repente apareció ella. Esa si que era una sonrisa mágica. Y que guapa era. De verdad, era muy mayor pero muy guapa. Se acerco a él despacito y sin que se diera cuenta le tapó los ojos con las manos. Acercó su boca al oído del señor y le dijo algo. En sus labios se pudo leer ¿bailamos?. El sonrío, sonrió como seguramente no lo había hecho nunca, la felicidad le brotaba por los ojos y su cuerpo entero se erizó. Puso sus manos sobre las de ella para retirarlas de sus ojos y la miró, con esa profundidad que miraba al mar pero con la expresión de alguien que ha alcanzado la felicidad plena. Se levantó, se abrazaron y bailaron, bailaron, bailaron bajo la lluvia. Eran las mismas imágenes que salieron al principio pero seguían y seguían bailando, y mientras bailaban dejo de llover, y mientras bailaban el sol que empezaba a esconderse detrás de las montañas comenzó a brillar, incluso diría que había subido la temperatura. Y mojados, en aquel anochecer, en aquella preciosa puesta de sol bailaron, bailaron hasta que cayó la noche y solo la luz de la luna nueva les acompañaba.
            La canica se apagó. Desapareció también la luz purpura y el niño se quedo dormido sonriendo. Pasaron los años, montones de años, igual casi 40. Y muchas veces pensaba en lo que vio en aquella bola y aunque había ido mucho a un muelle que descubrió años mas tarde, nunca había sucedido nada. Tal vez no fuera aquel el muelle. Y aquel día de invierno, con aquellas lluvias torrenciales, con aquel frio insoportable que se metía hasta los huesos ya no esperaba nada, no recordaba nada, no pensaba nada, no sentía nada, ni tan siquiera sabía si estaba vivo o todo era un sueño, un producto de su imaginación, una sensación provocada por su mente. Solo miraba al mar.

            Y mirando al mar sintió sus manos.

lunes, 15 de junio de 2015

Te he dicho demasiadas veces que te quiero,
que me encantas, que adoro como eres,
que tu sonrisa me hipnotiza,
que me pierdo en tus ojos,
que cada minuto contigo es un sueño
mejor que cualquier sueño,
que el mundo cambió cuando te conocí
para jamás volver a ser el mismo.
Demasiadas veces, pocas para lo que siento.

Pero nunca te he dicho que te deseo.
Que deseo cada centímetro de tu piel perfecta,
que tus labios me apasionan,
que quiero apartar el pelo de tu cara
y fundir los míos con los tuyos en un beso eterno,
encontrar en tu cuello el aroma de tu cuerpo,
pegarme a ti y abrazarte,
recorrer tus espalda con mis manos,
entrelazar tus piernas con las mías,
pasear con mi boca por tus pechos,
que mi nariz se deslice por tu vientre,
que mis manos se encuentren con tus nalgas,
que me quiero zambullir en tus caderas,
que tu cuerpo es un templo al que acudir todos lo días,
que tu sensualidad es un dios al que adorar siempre.
Nunca te he hablado de tu cintura y tus caderas sinuosas,
de cómo solamente con mirarte mi mente se vuelve lujuriosa,
de cómo tu cuerpo entero invade mi memoria,
de cómo deseo acariciarlo, morderlo con mis labios.
Nunca te he dicho que me excitas,
que tu belleza me desborda los sentidos,
que quiero sentir tu calor, tu humedad,
que quiero hacer de ti una selva tropical,
un paraíso donde poder perderme para siempre.
Nunca te he dicho que quiero sentir tus bellas manos,
que deseo el simple roce de sus dedos,
que quiero que tus labios me devoren,
que quiero que tu cuerpo me invada y posea.
Nunca te lo he dicho. Demasiado poco para lo que siento.

Tal vez demasiado tarde para seguir soñando.


lunes, 8 de junio de 2015

Que bello es cuando es bello,
que hielo cuando es frio,
que afilado cuando corta,
que oscuro cuando es de noche,
que deslumbrante de día,
que puro que cristalino,
que igual, que diferente,
que lejos cuando esta lejos,
que cercano estando al lado,
que diamante cuando es roca,
que etéreo siendo aire.
Que lleno y que vacio,
que todo y todo y nada,
un momento casi eterno,
un milenio en un segundo.
Que bello cuando es bello,
que bello cuando no es nada.

viernes, 15 de mayo de 2015

Ya sabes dónde iré esta tarde,
el mar me está esperando,
tu lo sabes, espero que siga lloviendo,
espero que siga el viento norte,
espero que siga el frio.
Así amo el mar. Cruel y descarnado.
Porque me azota, porque me hunde,
porque me traslada al fondo de mis sentimientos
para que pueda deshacerme del odio,
del dolor, de la sed, del medio.
Tu sabes dónde iré esta tarde.
Tal vez no sepas el lugar concreto,
pero sabes que allí estuve contigo
aunque no sepas que lo descubrí contigo.
Aquel acantilado sobre la bahía de Plentzia,
a aquel asiento de tierra que encontramos,
allí me sentaré, para mirar el mar,
para mirar la costa del Cantábrico,
para imaginar que puedo ver
las solitarias playas de aquel feo pueblo
dónde lucías la pamela con la mas bella de las sonrisas.
Supongo que realmente es un pueblo feo,
pero donde tu estés
para mi será el lugar mas extraordinario del mundo.
Y eso, eso también lo sabes.
Tal vez no con la cabeza,
tal vez no con el sentimiento,
pero lo sabes, en los mas profundo lo sabes.
Porque un día, al menos uno,
nos encontramos en lo mas profundo
y eso, eso siempre nos quemara por dentro.
Por eso voy al mar,
por eso en días de lluvia,
en días de viento,
en días de frio.

Mi fuego, mi llama es todavía un incendio.


jueves, 14 de mayo de 2015

Casi cuentos de adulto para Rita: de los órdenes y los desordenes

Los que me conocéis ya lo sabéis, soy un completo desastre. Si vieras mi mesa ahora mismo, llena de papeles pensarías como narices puede encontrar algo este tío. Dejadme que os diga que hay dos ordenes posibles. Uno en el que todas las cosas están en su sitio y otro en el que la cabeza sabe dónde está cada cosa. Esta claro que el primero es tremendamente más útil porque no solo se encuentran las cosas igual de fácil sino que además cualquier otra persona también podría encontrarlas. Si las cosas no están ordenadas en ningún sitio se convierte en un pequeño desastre, en un caos dónde nunca encontraremos lo que necesitamos, lo que estamos buscando. Pero una mesa es una mesa y en realidad tiene una importancia relativa pero con la vida, con nuestro ser mismo, pasa exactamente lo mismo existen los dos mismo tipos de ordenes y también existe el más completo de los caos.
Al contrario de en la mesa, en mi vida he aplicado siempre el primer sistema. Todo en mi vida estaba completamente ordenado, en su sitio, todo marcadito con sus etiquetas y bien estructurado en el tiempo y ni tan siquiera tenía que pensar. A cada momento le pertenecía una cosa o cosas y se hacían y punto, se sacaban los archivos correspondientes y se ejecutaba el programa. ¿Qué triste no? ¿qué aburrido verdad? Que determinismo vital. En realidad es una vida programada, por uno mismo seguramente, pero también influenciado por lo que los demás esperan de nosotros, por lo que la sociedad estima que es bueno y justo, por lo que se supone que nos va hacer feliz. Así es el orden, así lo vemos en nuestra cabeza, así somos obedientes permitiéndonos muy de vez en cuando una salida de tono, una rebeldía. ¿Curioso no es cierto? No tenemos que pensar simplemente ejecutamos nuestra programación.
No os miento, casi nunca he mentido, yo era así y en gran parte lo sigo siendo y me permite seguir viviendo esta vida aburrida, esta vida que si no fuera por algunas pinceladas de colores que aparecen de vez en cuando sería gris, sería oscura, como casi todas las vidas. Pasaremos por el mundo y no dejaremos ningún tipo de huella, tampoco quiero dejarla, pero solo seremos uno más. Y en este caso, a mi corto y torpe entender, lo trascendente no es lo que seamos para los demás, ni la huella que dejemos, si no lo que somos para nosotros mismos, si lo que somos nos hace o no felices. Pero felices de verdad, esa felicidad que hace que te metas tranquilo a la cama y esperando con ilusión que llegue un nuevo día para vivir, para soñar, para reir, para tirarse desde una avión sin paracaídas sin importar a que distancia esta el suelo y levantarse del golpe y seguir corriendo, riendo y repartiendo sonrisas.
No se. Supongo que se puede tener una vida así, una vida feliz ordenadamente. Pero yo la única vez que la he vivido ha sido sumido en el mas completo de los caos. Y no un caos de esos deterministas, era un caos que no paraba, que nunca llegaba al mismo sitio incluso repitiéndose los mismos patrones. Era mi caos y era feliz. Era un completo desorden y era feliz.
Si, es cierto, lo pienso y tal vez la vida no se pueda vivir así siempre. El completo desorden te sorprende para bien y para mal y seguramente pueda a llegar a desestructurar tanto tú vida que no haya manera de vivirla. Porque vivimos con otros, no solos, y nuestro orden, os lo decía antes con mi mesa, también permite encontrar a otros lo que están buscando entre nuestras cosas y también, porque no, encontrarnos a nosotros mismos.
Que combinación mas complicada, tenerlo todo ordenado y desordenado a la vez. La verdad es que casi no se ni de que estos hablando, la verdad es que no se como hay que vivir la vida, no se ni lo que quiero de la mía como para andar vendiendo consejos. Una cosa si tengo clara, deberíamos ser cada uno los que decidiéramos, de que manera o maneras queremos vivir nuestras vidas. La sociedad es demasiado encorsetada y nos limita mucho para que nuestras vidas sean aceptables y aceptadas, y ser aceptado, integrarse en el colectivo es muy importante y esa presión social en ocasiones nos hace vivir una vida que no es la que queremos. ¿Pero que es lo que narices queremos? ¿qué es lo que nos haría felices? Que difícil la verdad, no tengo ni idea para mi, no tengo ni idea para nadie.
En el fondo este cuento no tiene moraleja. No hay ordenes ni desordenes que vender ni comprar. No es ni tan siquiera una invitación a la reflexión, aunque ojala os hiciera pensar. Tan solo quería contaros que sin el desorden, sin, como me decía una amiga, haber perdido nada, mi vida es completamente insulsa. Mas que eso, está casi completamente vacía. Tal vez el orden esconda algún día ese vacio pero estoy seguro que no lo llenará nunca. Supongo que la felicidad es posible de muchas maneras, pero algunas son mas plenas que otras y sobre todo mas bellas.



martes, 12 de mayo de 2015

Abro los ojos, sobre mi un techo blanco.
El marrón sapelli barnizado cruje bajo mis pies,
hay polvo por las zonas que no piso,
ni me acuerdo de la última vez que limpié.
El gres blanco de la cocina enfría mis pies,
voy descalzo, acabo de darme cuenta,
mis ánimos no podrían estar mas fríos.
Zapatillas negras se arrastran
sobre un mar de aceras grises,
¿una flor? no se lo que es,
tampoco importa, es gris.
Blanco sobre el casi negro del asfalto,
tal vez debiera haber mirado el color del semáforo.
En la oficina los suelos son gris claros.
Un teclado negro con letras blanca,
una pantalla blanca y letras negras.
Palabras, palabras, mas palabras,
frases que carecen de sentido.
Escribo para sobrevivir,
tal vez algún día vuelva a la vida.
Y vuelta a la baldosa gris, al blanco sobre negro,
al gres blanco, al marrón sapelli,
al blanco del techo.
Apago la luz. Todo está oscuro.
Cierro los ojos. Todo es negro.

lunes, 27 de abril de 2015

Perdí tu sonrisa,
¿acaso se puede perder algo más grande?
Aquellos ojos llorosos
que me trajo una nueva primavera,
una primavera que será triste para siempre.
Más de veinte años han pasado
desde que el mar se convirtió en una ilusión,
más de veinte años contemplándolo
desde un muelle, una playa, un acantilado…
sabiendo que las caricias de sus olas
jamás vendrían a envolverme,
sabiendo que jamás podría tocarlo,
esperando que algún día se produjera el milagro.
Perdí el mar, nunca lo tuve,
y ahora he perdido tu sonrisa,
esa sonrisa que tantas veces compartiste conmigo,
esa sonrisa de la que si pude disfrutar,
esa sonrisa de aguas siempre cálidas
en la que si pude sumergirme,
esa sonrisa que se abrió para mi,
para que descansara en ella,
para que jugara entre tus labios,
para convertirse en dulces besos,
en besos apasionados, en besos de cariño,
de amor, de ilusión, de sueños,
en besos de vida.
¿Acaso se puede perder algo más grande?
Una sonrisa que me hacia feliz con solo mirarla,
una sonrisa con la luz de mil amaneceres,
una sonrisa que me abrazaba,
que me hacía sentirme protegido,
una sonrisa que cambió mi mundo,
que lo hizo bello,
que le dio un sentido a cada paso que daba.
Demasiado grande para mi.
Demasiado grande para que pudiera albergarla.
Demasiado grande.
La locura del que quiere poseer algo tan grande,
la avaricia del que quiere acumular tanta riqueza,
y quiere mas sin detenerse a pensar que ya lo tiene todo.
No estaba preparado, tal vez no lo esté nunca,
para disfrutar de algo tan grande sin llegar querer a poseerlo.
Veinte años contemplando el mar,
en mi horizonte no había nada mas.
A pesar de que la vida me trajo caricias,
caricias que nunca llegué a merecerme,
caricias de las que he disfrutado y he cuidado,
caricias por las que he sufrido,
caricias por las que he llorado,
el mar siempre fue mi deseo.
Veinte años recordando un mar que nunca tuve
¿Cuántos llegaré a recordar que me sonreías?
¿Cuántas caricias llegarán mientras sueño en tus sonrisas?
¿Cuántos días de lluvia llegarán? ¿Cuántos inviernos?
¿Cuántos amaneceres esperando esa impresionante luz de tu sonrisa?
Te parecerá extraño lo se,
pero si no puede llegar
me gustaría esperarla siempre.
El mar es grande pero tu sonrisa es infinita.
La última vez tus ojos estaban llorosos,
las lágrimas las puse yo
eso no podré olvidarlo nunca,
y aun así sonreías, sonreíste al verme.
Gran regalo para un final que nunca he deseado,
gran regalo para un final que no ha llegado a mi corazón,
para un final que tal vez no le llegue nunca.
Una lágrima y una sonrisa.
Un regalo para esperarte siempre.